Mojang escucha a sus jugadores y construye un Dungeons con más opciones, libertad y profundidad.
Tras invertir un buen puñado de horas en la primera entrega, probar Minecraft Dungeons II durante la Gamescom y darle caña ahora a su versión final, tenemos bastante claro por dónde ha querido tirar Mojang junto a Double Eleven. En lugar de romper con todo lo anterior, esta secuela parece haber escuchado muchas de las peticiones de la comunidad para hacer crecer una fórmula que ya funcionaba, manteniendo una base reconocible mientras gana en comodidad, profundidad y posibilidades. No intenta convertirse en algo completamente diferente, sino ofrecer una versión más pulida y ambiciosa de aquello que ya conocíamos.
Una nueva amenaza nos conduce hasta The Sift
La tranquilidad vuelve a durar poco en el Overworld. Una nueva amenaza altera el equilibrio natural del mundo y nos lleva a recorrer diferentes regiones para descubrir qué está ocurriendo y cuál es su origen. La historia funciona principalmente como hilo conductor para movernos de una zona a otra, presentar nuevos personajes y dar algo más de contexto a la aventura. No estamos ante un argumento especialmente elaborado, pero cumple bien como acompañamiento. Su mayor interés llega con The Sift, una nueva dimensión extraña y visualmente muy diferenciada que termina convirtiéndose en uno de los principales atractivos del viaje. La narrativa aporta algo de profundidad al conjunto, aunque el verdadero peso sigue recayendo en la exploración, el combate y la progresión.
Más libertad para movernos, aunque no todo sea realmente abierto
Uno de los cambios que más se perciben respecto a la primera entrega está en la forma de recorrer el mundo. Ya no saltamos directamente de misión en misión mediante un menú, sino que ahora nos movemos por zonas mucho más amplias que vamos descubriendo poco a poco, abriendo nuevos accesos y conectando diferentes partes del mapa a medida que avanzamos.
Durante la exploración podemos encontrarnos pequeñas aldeas, cofres, enemigos y otros elementos que ayudan a que el camino hacia las misiones principales o secundarias resulte bastante más vivo. Eso sí, tampoco hemos sentido una necesidad constante de desviarnos demasiado de la ruta. La sensación de libertad está bien construida y consigue que el mundo parezca mucho más abierto que antes, aunque buena parte de los descubrimientos aparecen de forma bastante natural mientras avanzamos hacia nuestros objetivos.

Los escenarios resultarán además muy familiares para quienes lleven años jugando a Minecraft, con parajes y biomas reconocibles reinterpretados desde la perspectiva isométrica de Dungeons. Esa familiaridad mantiene intacta la identidad de la saga y hace que todo resulte bastante menos encorsetado que en la primera entrega.
Una base conocida que ahora ofrece muchas más posibilidades
El combate mantiene unas bases muy similares a las del original, aunque ahora se siente algo más fluido. La gran incorporación es, sin duda, el salto. Puede parecer algo sencillo, pero después de echarlo tantas veces de menos cuesta imaginarse volver atrás. Sirve para esquivar determinados ataques o movernos mejor durante los enfrentamientos, pero también tiene bastante peso en la exploración y en la forma de recorrer los escenarios. La progresión gana profundidad gracias a un inventario más amplio, con las armaduras divididas en diferentes piezas y la incorporación de artefactos y talismanes. Tantas posibilidades pueden despertar cierto síndrome de Diógenes y llenarnos de objetos «por si acaso», aunque al final acabaremos quedándonos con nuestro mejor equipo y algunas variantes adaptadas a nuestra forma de jugar.
Y variedad no falta. Actualmente encontramos más de 150 armas, más de 300 piezas de armadura, más de 100 artefactos y más de 20 talismanes, además de más de 30 encantamientos. El equipo se divide en diferentes categorías de rareza, desde común y raro hasta especial y único, y algunas piezas incorporan efectos pasivos que pueden marcar diferencias cuando empezamos a combinarlas. Esto hace que no todo se reduzca a equipar automáticamente aquello que tenga una cifra mayor, sino también a valorar qué encaja mejor con nuestra configuración.

Al completar misiones conseguiremos nuevas recompensas cuya calidad dependerá también de la dificultad escogida. A esto se suma la experiencia obtenida tanto al superar objetivos como al derrotar enemigos, permitiéndonos subir de nivel y afrontar desafíos cada vez más exigentes. Los encantamientos y talismanes amplían todavía más las posibilidades de configuración, mientras que los libros encantados pueden utilizarse en el refugio junto al Forjaembrujos para otorgar nuevos poderes o habilidades a nuestro equipo. También encontramos mascotas que nos acompañan y ayudan en combate, además de capas destinadas a personalizar al personaje.
Por suerte, toda esta mayor profundidad no complica demasiado la gestión. El inventario divide claramente armas, armaduras, artefactos y talismanes, permitiéndonos comparar, equipar o desmantelar objetos con rapidez. Hay más cosas que gestionar, pero hacerlo resulta más sencillo.
En compañía todo resulta un poco más llevadero
El cooperativo vuelve a ser uno de los pilares de Minecraft Dungeons II. Más que reinventar lo visto en la primera entrega, Mojang y Double Eleven han preferido pulir una fórmula que ya funcionaba, algo que se agradece especialmente en las zonas más complicadas, donde contar con otros jugadores puede hacer la experiencia bastante más llevadera.

Hay un detalle importante desde el momento de crear nuestro personaje. Si optamos por uno destinado únicamente al juego offline, después no podremos utilizarlo en los modos online. Por eso compensa crear desde el principio uno que sirva tanto para jugar solos como para unirnos a otros jugadores o permitir que ellos entren en nuestra partida, ya sea con cualquiera o mediante grupos privados. La principal pega es que, cuando jugamos online, no existe una pausa tradicional y el mundo permanece activo en todo momento. Así que, si nos pica la gusa y toca visita a la nevera o aparecen necesidades fisiológicas, mejor buscar antes un rincón tranquilo para evitar sustos al volver.
Una aventura que quiere durar más allá de la historia
La duración dependerá bastante de cómo afrontemos la aventura. Centrarnos únicamente en la historia principal nos llevará mucho menos tiempo que entretenernos con misiones secundarias, explorar cada rincón, conseguir coleccionables o seguir buscando mejor equipamiento. Además, completar la historia no supone necesariamente guardar las armas. Minecraft Dungeons II incorpora las Soul Storms como contenido de endgame, zonas completas invadidas temporalmente por enemigos más numerosos y poderosos que ofrecen botín de mayor calidad. Están planteadas para seguir experimentando con configuraciones, afrontar desafíos más exigentes y continuar desarrollando nuestro personaje una vez superada la aventura principal.
Un apartado técnico continuista, pero bien aprovechado
Visualmente, Minecraft Dungeons II mantiene una línea muy continuista respecto a la primera entrega. No sorprende por un cambio radical en su aspecto, pero sí se nota el paso de los años en unas capacidades técnicas mejor aprovechadas. Podemos encontrarnos con bastantes enemigos en pantalla sin ralentizaciones apreciables, mientras que los efectos de partículas, la iluminación y las explosiones ayudan a que los combates resulten más vistosos.

Los diferentes biomas mantienen una identidad muy marcada y resultarán especialmente reconocibles para quienes estén familiarizados con el universo de Minecraft. Donde sí nos hemos llevado una pequeña decepción es en las secuencias cinematográficas, cuyos vídeos presentan una calidad inferior a la esperada. Teniendo en cuenta el nivel alcanzado por otras producciones de la franquicia, esperábamos algo más trabajado en este terreno.
En el apartado sonoro, las voces vuelven a llegar íntegramente en inglés, como ya ocurrió en la primera entrega, aunque los textos sí están traducidos al castellano. No nos sorprende, pero tampoco deja de ser una ausencia que lamentamos. Tratándose además de un título multiplataforma perteneciente a una marca como Minecraft, cuesta encontrar la «excusa» para no apostar también por un doblaje a nuestro idioma.
La música acompaña correctamente la aventura y cambia según los diferentes biomas y situaciones, aunque algunas piezas resultan algo cortas y entran en bucle demasiado rápido. Los efectos cumplen bien durante los combates, especialmente cuando coinciden varios enemigos, explosiones y habilidades en pantalla. También encontramos detalles con bastante gracia, como el sonido que escuchamos cuando nuestro personaje tiene que volver a colocarse en el mapa después de una caída, uno de esos pequeños guiños capaces de sacarnos una sonrisa.

Conclusión
Minecraft Dungeons II no pretende romper con todo lo visto en la primera entrega, sino hacer crecer una fórmula que ya funcionaba. Mojang y Double Eleven parecen haber escuchado buena parte del feedback de la comunidad, ofreciendo más libertad, una progresión más profunda y cómoda y pequeñas incorporaciones, como el salto, que terminan teniendo mucha más importancia de la que podría parecer.
Sigue siendo una propuesta continuista y quedan aspectos mejorables, como unas cinemáticas por debajo de lo esperado, ciertas repeticiones musicales o la ausencia de doblaje al castellano. Aun así, el conjunto resulta más completo y ofrece motivos suficientes para seguir jugando, ya sea explorando, mejorando nuestro personaje o compartiendo la aventura en cooperativo. No reinventa Minecraft Dungeons, pero sí parece haber entendido muy bien dónde tenía que crecer.
Una nueva amenaza nos conduce hasta The Sift
La tranquilidad vuelve a durar poco en el Overworld. Una nueva amenaza altera el equilibrio natural del mundo y nos lleva a recorrer diferentes regiones para descubrir qué está ocurriendo y cuál es su origen. La historia funciona principalmente como hilo conductor para movernos de una zona a otra, presentar nuevos personajes y dar algo más de contexto a la aventura. No estamos ante un argumento especialmente elaborado, pero cumple bien como acompañamiento. Su mayor interés llega con The Sift, una nueva dimensión extraña y visualmente muy diferenciada que termina convirtiéndose en uno de los principales atractivos del viaje. La narrativa aporta algo de profundidad al conjunto, aunque el verdadero peso sigue recayendo en la exploración, el combate y la progresión.
Más libertad para movernos, aunque no todo sea realmente abierto
Uno de los cambios que más se perciben respecto a la primera entrega está en la forma de recorrer el mundo. Ya no saltamos directamente de misión en misión mediante un menú, sino que ahora nos movemos por zonas mucho más amplias que vamos descubriendo poco a poco, abriendo nuevos accesos y conectando diferentes partes del mapa a medida que avanzamos.
Durante la exploración podemos encontrarnos pequeñas aldeas, cofres, enemigos y otros elementos que ayudan a que el camino hacia las misiones principales o secundarias resulte bastante más vivo. Eso sí, tampoco hemos sentido una necesidad constante de desviarnos demasiado de la ruta. La sensación de libertad está bien construida y consigue que el mundo parezca mucho más abierto que antes, aunque buena parte de los descubrimientos aparecen de forma bastante natural mientras avanzamos hacia nuestros objetivos.

Los escenarios resultarán además muy familiares para quienes lleven años jugando a Minecraft, con parajes y biomas reconocibles reinterpretados desde la perspectiva isométrica de Dungeons. Esa familiaridad mantiene intacta la identidad de la saga y hace que todo resulte bastante menos encorsetado que en la primera entrega.
Una base conocida que ahora ofrece muchas más posibilidades
El combate mantiene unas bases muy similares a las del original, aunque ahora se siente algo más fluido. La gran incorporación es, sin duda, el salto. Puede parecer algo sencillo, pero después de echarlo tantas veces de menos cuesta imaginarse volver atrás. Sirve para esquivar determinados ataques o movernos mejor durante los enfrentamientos, pero también tiene bastante peso en la exploración y en la forma de recorrer los escenarios. La progresión gana profundidad gracias a un inventario más amplio, con las armaduras divididas en diferentes piezas y la incorporación de artefactos y talismanes. Tantas posibilidades pueden despertar cierto síndrome de Diógenes y llenarnos de objetos «por si acaso», aunque al final acabaremos quedándonos con nuestro mejor equipo y algunas variantes adaptadas a nuestra forma de jugar.
Y variedad no falta. Actualmente encontramos más de 150 armas, más de 300 piezas de armadura, más de 100 artefactos y más de 20 talismanes, además de más de 30 encantamientos. El equipo se divide en diferentes categorías de rareza, desde común y raro hasta especial y único, y algunas piezas incorporan efectos pasivos que pueden marcar diferencias cuando empezamos a combinarlas. Esto hace que no todo se reduzca a equipar automáticamente aquello que tenga una cifra mayor, sino también a valorar qué encaja mejor con nuestra configuración.

Al completar misiones conseguiremos nuevas recompensas cuya calidad dependerá también de la dificultad escogida. A esto se suma la experiencia obtenida tanto al superar objetivos como al derrotar enemigos, permitiéndonos subir de nivel y afrontar desafíos cada vez más exigentes. Los encantamientos y talismanes amplían todavía más las posibilidades de configuración, mientras que los libros encantados pueden utilizarse en el refugio junto al Forjaembrujos para otorgar nuevos poderes o habilidades a nuestro equipo. También encontramos mascotas que nos acompañan y ayudan en combate, además de capas destinadas a personalizar al personaje.
Por suerte, toda esta mayor profundidad no complica demasiado la gestión. El inventario divide claramente armas, armaduras, artefactos y talismanes, permitiéndonos comparar, equipar o desmantelar objetos con rapidez. Hay más cosas que gestionar, pero hacerlo resulta más sencillo.
En compañía todo resulta un poco más llevadero
El cooperativo vuelve a ser uno de los pilares de Minecraft Dungeons II. Más que reinventar lo visto en la primera entrega, Mojang y Double Eleven han preferido pulir una fórmula que ya funcionaba, algo que se agradece especialmente en las zonas más complicadas, donde contar con otros jugadores puede hacer la experiencia bastante más llevadera.

Hay un detalle importante desde el momento de crear nuestro personaje. Si optamos por uno destinado únicamente al juego offline, después no podremos utilizarlo en los modos online. Por eso compensa crear desde el principio uno que sirva tanto para jugar solos como para unirnos a otros jugadores o permitir que ellos entren en nuestra partida, ya sea con cualquiera o mediante grupos privados. La principal pega es que, cuando jugamos online, no existe una pausa tradicional y el mundo permanece activo en todo momento. Así que, si nos pica la gusa y toca visita a la nevera o aparecen necesidades fisiológicas, mejor buscar antes un rincón tranquilo para evitar sustos al volver.
Una aventura que quiere durar más allá de la historia
La duración dependerá bastante de cómo afrontemos la aventura. Centrarnos únicamente en la historia principal nos llevará mucho menos tiempo que entretenernos con misiones secundarias, explorar cada rincón, conseguir coleccionables o seguir buscando mejor equipamiento. Además, completar la historia no supone necesariamente guardar las armas. Minecraft Dungeons II incorpora las Soul Storms como contenido de endgame, zonas completas invadidas temporalmente por enemigos más numerosos y poderosos que ofrecen botín de mayor calidad. Están planteadas para seguir experimentando con configuraciones, afrontar desafíos más exigentes y continuar desarrollando nuestro personaje una vez superada la aventura principal.
Un apartado técnico continuista, pero bien aprovechado
Visualmente, Minecraft Dungeons II mantiene una línea muy continuista respecto a la primera entrega. No sorprende por un cambio radical en su aspecto, pero sí se nota el paso de los años en unas capacidades técnicas mejor aprovechadas. Podemos encontrarnos con bastantes enemigos en pantalla sin ralentizaciones apreciables, mientras que los efectos de partículas, la iluminación y las explosiones ayudan a que los combates resulten más vistosos.

Los diferentes biomas mantienen una identidad muy marcada y resultarán especialmente reconocibles para quienes estén familiarizados con el universo de Minecraft. Donde sí nos hemos llevado una pequeña decepción es en las secuencias cinematográficas, cuyos vídeos presentan una calidad inferior a la esperada. Teniendo en cuenta el nivel alcanzado por otras producciones de la franquicia, esperábamos algo más trabajado en este terreno.
En el apartado sonoro, las voces vuelven a llegar íntegramente en inglés, como ya ocurrió en la primera entrega, aunque los textos sí están traducidos al castellano. No nos sorprende, pero tampoco deja de ser una ausencia que lamentamos. Tratándose además de un título multiplataforma perteneciente a una marca como Minecraft, cuesta encontrar la «excusa» para no apostar también por un doblaje a nuestro idioma.
La música acompaña correctamente la aventura y cambia según los diferentes biomas y situaciones, aunque algunas piezas resultan algo cortas y entran en bucle demasiado rápido. Los efectos cumplen bien durante los combates, especialmente cuando coinciden varios enemigos, explosiones y habilidades en pantalla. También encontramos detalles con bastante gracia, como el sonido que escuchamos cuando nuestro personaje tiene que volver a colocarse en el mapa después de una caída, uno de esos pequeños guiños capaces de sacarnos una sonrisa.

Conclusión
Minecraft Dungeons II no pretende romper con todo lo visto en la primera entrega, sino hacer crecer una fórmula que ya funcionaba. Mojang y Double Eleven parecen haber escuchado buena parte del feedback de la comunidad, ofreciendo más libertad, una progresión más profunda y cómoda y pequeñas incorporaciones, como el salto, que terminan teniendo mucha más importancia de la que podría parecer.
Sigue siendo una propuesta continuista y quedan aspectos mejorables, como unas cinemáticas por debajo de lo esperado, ciertas repeticiones musicales o la ausencia de doblaje al castellano. Aun así, el conjunto resulta más completo y ofrece motivos suficientes para seguir jugando, ya sea explorando, mejorando nuestro personaje o compartiendo la aventura en cooperativo. No reinventa Minecraft Dungeons, pero sí parece haber entendido muy bien dónde tenía que crecer.
Análisis
Minecraft Dungeons II
"Mojang escucha a sus jugadores y construye un Dungeons con más opciones, libertad y profundidad."
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Nota Final
Procesando...