Mucha creatividad de Double Fine para una joyita de arcilla que sale del horno a medio cocer.
Si te dicen que el próximo gran juego de Xbox va de hacer jarrones de barro, probablemente pienses que se han vuelto locos. Pero claro, si detrás está Double Fine Productions, la cosa cambia. Kiln no es un simulador de alfarería relajante para pasar la tarde; es un juego de combate multijugador donde tus creaciones de cerámica son tus guerreros. Es la última pirueta creativa de un estudio que nunca tiene miedo a arriesgar, aunque esta vez el experimento haya salido con algunas grietas.
Moldear para sobrevivir
Aquí la chicha no está solo en cómo pegas, sino en cómo diseñas. En Kiln, la forma de tu vasija determina directamente tus stats y tu estilo de juego. Hay un equilibrio constante que debes gestionar: si vas a por un cuenco ancho y pesado, tendrás una capacidad de carga de agua brutal, pero tu salud será de cristal. Por el contrario, si te da por fabricar una jarra estilizada y alta, serás un auténtico tanque capaz de aguantar carros y carretas, pero apenas podrás transportar líquido. Además, la geometría de tu obra afecta al tipo de ataque cargado que tendrás disponible, por lo que cada vez que te pones al torno estás definiendo tu rol en la batalla.
El objetivo en las arenas es claro: escoltar agua para apagar el horno (el "Kiln") del equipo enemigo. Sin embargo, la falta de ambición en el contenido es flagrante: solo hay un único modo de juego disponible. Es cierto que los pocos mapas que hay intentan compensarlo con peculiaridades y trampas ambientales que podemos usar a nuestro favor para emboscar al rival —o en las que podemos caer nosotros mismos de la forma más tonta si no tenemos cuidado—, pero tener tan poca variedad de escenarios y una sola forma de jugar hace que la experiencia se agote en un suspiro. Se echa muchísimo de menos una opción de multijugador local; un título así pedía a gritos poder jugar con amigos en el mismo sofá.
El En-Torno
Cuando no estés dándote de palos, el juego te ofrece el En-Torno, una zona social y de práctica donde puedes relajarte y experimentar con la arcilla. El sistema de creación es curioso y divertido, pero no tiene tanta profundidad como se podría esperar inicialmente. Es inmersivo, sí, pero no esperes recrear la mítica escena de la película Ghost; aquí el barro es para la guerra, no para el romance. Podrás decorar tus piezas con diversas herramientas y técnicas, pero las opciones se acaban sintiendo limitadas tras unas cuantas horas.

Para incentivar que sigas jugando, el título incluye un sistema de progresión. Al participar en combates ganaremos experiencia que nos servirá para subir de nivel al personaje, desbloqueando nuevas herramientas y patrones de diseño. También iremos acumulando monedas tras las victorias, que tienen la función principal de comprar elementos cosméticos exclusivos y tipos de arcilla especiales para que tu vasija sea la más envidiada de la arena.
Apartado técnico
Visualmente, Kiln tiene ese sello inconfundible de Double Fine. Impresiona es el motor de físicas aplicado a la arcilla. El modelado es fluido y realista, permitiéndote ver cómo el barro cede bajo tus dedos en tiempo real. El sistema de destrucción es bastante realista: no es una animación predefinida, sino que las vasijas se rompen en fragmentos basados en su propia estructura. No obstante, se nota que han centrado todo el músculo técnico en los personajes, dejando unos escenarios que, aunque dinámicos, resultan algo genéricos y vacíos de detalle en comparación con los luchadores de cerámica.
El apartado sonoro juega con el contraste. Por un lado, tenemos música relajante y zen mientras estamos en el torno, con sonidos ambientales muy cuidados que transmiten esa calma del taller. Pero en cuanto entramos en la arena, la cosa se vuelve movidita. El diseño de sonido es contundente: el estrépito del barro chocando contra el suelo, el crujido de la cerámica al agrietarse y el sonido líquido del agua al ser transportada ayudan muchísimo a la inmersión. Incluso los pasos de los luchadores suenan diferente según el peso y la densidad de la vasija que hayamos creado.

Conclusión
Kiln es una nueva propuesta que demuestra que Double Fine sigue teniendo esa chispa para inventar géneros. La mezcla de crafting y combate por objetivos, pero el conjunto se siente lastrado por la falta de mapas, la ausencia de cooperativo local y una progresión que, aunque funcional, no termina de compensar la brevedad de sus modos de juego. Es una joya de la creatividad que se ha quedado algo corta en ambición técnica y contenido, especialmente al limitarse a un solo modo de juego. Es barro, es destrucción y es Double Fine en estado puro, pero esperemos que en el futuro lo terminen de hornear con más actualizaciones.
Moldear para sobrevivir
Aquí la chicha no está solo en cómo pegas, sino en cómo diseñas. En Kiln, la forma de tu vasija determina directamente tus stats y tu estilo de juego. Hay un equilibrio constante que debes gestionar: si vas a por un cuenco ancho y pesado, tendrás una capacidad de carga de agua brutal, pero tu salud será de cristal. Por el contrario, si te da por fabricar una jarra estilizada y alta, serás un auténtico tanque capaz de aguantar carros y carretas, pero apenas podrás transportar líquido. Además, la geometría de tu obra afecta al tipo de ataque cargado que tendrás disponible, por lo que cada vez que te pones al torno estás definiendo tu rol en la batalla.
El objetivo en las arenas es claro: escoltar agua para apagar el horno (el "Kiln") del equipo enemigo. Sin embargo, la falta de ambición en el contenido es flagrante: solo hay un único modo de juego disponible. Es cierto que los pocos mapas que hay intentan compensarlo con peculiaridades y trampas ambientales que podemos usar a nuestro favor para emboscar al rival —o en las que podemos caer nosotros mismos de la forma más tonta si no tenemos cuidado—, pero tener tan poca variedad de escenarios y una sola forma de jugar hace que la experiencia se agote en un suspiro. Se echa muchísimo de menos una opción de multijugador local; un título así pedía a gritos poder jugar con amigos en el mismo sofá.
El En-Torno
Cuando no estés dándote de palos, el juego te ofrece el En-Torno, una zona social y de práctica donde puedes relajarte y experimentar con la arcilla. El sistema de creación es curioso y divertido, pero no tiene tanta profundidad como se podría esperar inicialmente. Es inmersivo, sí, pero no esperes recrear la mítica escena de la película Ghost; aquí el barro es para la guerra, no para el romance. Podrás decorar tus piezas con diversas herramientas y técnicas, pero las opciones se acaban sintiendo limitadas tras unas cuantas horas.

Para incentivar que sigas jugando, el título incluye un sistema de progresión. Al participar en combates ganaremos experiencia que nos servirá para subir de nivel al personaje, desbloqueando nuevas herramientas y patrones de diseño. También iremos acumulando monedas tras las victorias, que tienen la función principal de comprar elementos cosméticos exclusivos y tipos de arcilla especiales para que tu vasija sea la más envidiada de la arena.
Apartado técnico
Visualmente, Kiln tiene ese sello inconfundible de Double Fine. Impresiona es el motor de físicas aplicado a la arcilla. El modelado es fluido y realista, permitiéndote ver cómo el barro cede bajo tus dedos en tiempo real. El sistema de destrucción es bastante realista: no es una animación predefinida, sino que las vasijas se rompen en fragmentos basados en su propia estructura. No obstante, se nota que han centrado todo el músculo técnico en los personajes, dejando unos escenarios que, aunque dinámicos, resultan algo genéricos y vacíos de detalle en comparación con los luchadores de cerámica.
El apartado sonoro juega con el contraste. Por un lado, tenemos música relajante y zen mientras estamos en el torno, con sonidos ambientales muy cuidados que transmiten esa calma del taller. Pero en cuanto entramos en la arena, la cosa se vuelve movidita. El diseño de sonido es contundente: el estrépito del barro chocando contra el suelo, el crujido de la cerámica al agrietarse y el sonido líquido del agua al ser transportada ayudan muchísimo a la inmersión. Incluso los pasos de los luchadores suenan diferente según el peso y la densidad de la vasija que hayamos creado.

Conclusión
Kiln es una nueva propuesta que demuestra que Double Fine sigue teniendo esa chispa para inventar géneros. La mezcla de crafting y combate por objetivos, pero el conjunto se siente lastrado por la falta de mapas, la ausencia de cooperativo local y una progresión que, aunque funcional, no termina de compensar la brevedad de sus modos de juego. Es una joya de la creatividad que se ha quedado algo corta en ambición técnica y contenido, especialmente al limitarse a un solo modo de juego. Es barro, es destrucción y es Double Fine en estado puro, pero esperemos que en el futuro lo terminen de hornear con más actualizaciones.
Análisis
Kiln
"Mucha creatividad de Double Fine para una joyita de arcilla que sale del horno a medio cocer."
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Nota Final
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