Dos realidades, un ciervo cabrón y mucha atmósfera tenebrosa
Olvida los estudios con décadas de historia y presupuestos infinitos. Rumbral es el primer proyecto de OSEAIn, una agencia de marketing y diseño de Salamanca que, ni corta ni perezosa, se ha liado la manta a la cabeza para aprender a desarrollar videojuegos desde cero. Publicado por Dojo System, el título es una apuesta arriesgada por el silencio, la observación y esa narrativa fragmentada donde tú eres el que tiene que atar los cabos para no perderte en su mundo.
Despertar en la nada
En Rumbral empezamos de la forma más cruda posible: despertamos en un bosque oscuro y misterioso, rodeados de ruinas silenciosas y estructuras abandonadas. No hay cinemáticas explicando el contexto ni tutoriales que te traten como a un niño. Solo en los primeros compases, te indican los tres botones que utilizarás en toda la aventura. A partir de ahí, tienes tu curiosidad para avanzar a través de espacios que parecen haber sido dejados atrás por otros exploradores o supervivientes.
La narrativa se va descubriendo a través de los detalles del escenario y de objetos coleccionables especiales que están repartidos por el mundo (algunos bien escondidos). Estos objetos son vitales, ya que son los que realmente te permiten reconstruir la historia de este lugar y, de paso, descubrir algo sobre ti mismo. Aunque el juego no tiene voces, todos los textos están en castellano, algo que se agradece para no perderse ni un matiz de los fragmentos de historia que vamos localizando.
Realidades paralelas y un puto ciervo encabronado
Lo que separa a Rumbral de ser un simple "simulador de caminar" o “plataformas oscuro" con algún puzle entre medias, es su mecánica de realidades paralelas. El mundo está plagado de unos misteriosos charcos de líquido magenta que funcionan como portales. Al interactuar con ellos, viajas a otra realidad, permitiéndote influir en ambos planos para avanzar. Es un sistema de "causa-efecto" entre dimensiones que te obliga a resignificar los espacios para revelar lo que el mundo te estaba ocultando.

Es un juego de ritmo pausado donde los puzles ambientales te piden leer el mundo con atención. Tienes que observar e interactuar con el entorno para desbloquear el camino. Ojo, que no todo es pasear y pensar. En una de las zonas del juego te vas a cruzar con un ciervo cabrón que te lo va a hacer pasar realmente mal. Esos momentos de tensión rompen con el ritmo pausado y te obligan a estar muy atento al entorno si no quieres que el "bambi" de turno te empale o aplaste como una hormiga.
Sin embargo, aquí viene el punto que más nos ha dolido: Rumbral es extremadamente corto. Una primera partida, yendo con calma, se nos puede ir a poco más de una hora. De hecho, el juego incluye un logro/trofeo por superarlo en menos de 45 minutos, lo que deja claro que es una experiencia fugaz. Es una lástima, porque la atmósfera engancha tanto que te quedas con ganas de mucho más. Su rejugabilidad se limita a volver para encontrar ese coleccionable que se te escapó o para sacar el 100% de los logros/trofeos.
Apartado técnico
Visualmente, Rumbral hace un uso excelente del contraste. Bajo el poderoso Unreal Engine, el bosque y las estructuras derruidas están bañados en una oscuridad densa que transmite una soledad sobrecogedora. El diseño de las ruinas tiene ese toque de arquitectura abandonada que te hace preguntarte qué clase de civilización vivía allí. También nos ha gustado mucho el protagonista; esa máscara misteriosa que lleva le da un aura de enigma que encaja perfectamente con el tono del juego. Pero la verdadera estrella es el color magenta; no es solo un adorno, es una luz vibrante que corta el gris del mundo y guía tu mirada hacia los puntos de interés. El rendimiento es sólido y la dirección artística logra que, pese a ser un mundo desolado, quieras detenerte a mirar cada rincón.

El apartado sonoro es el que realmente hace el trabajo pesado para mantenerte en tensión. Al no haber diálogos, te vuelves muy consciente del eco de tus pasos sobre diferentes superficies, del viento silbando entre las estructuras y de esos ruidos ambientales que te hacen sospechar que no estás tan solo como parece. La banda sonora es minimalista, apareciendo en los momentos justos para subrayar el descubrimiento o la extrañeza del cambio de realidad. Es un diseño de audio muy inmersivo que compensa perfectamente la ausencia de voces.
Conclusión
Rumbral nos deja con una sensación agridulce, pero por los motivos correctos: nos ha gustado tanto su atmósfera que se nos ha hecho un suspiro. Es increíble pensar que este es el primer proyecto de una agencia de marketing salmantina que ha tenido que aprenderlo todo sobre la marcha; la semilla está muy bien plantada y demuestra que tienen ojo para el diseño y la ambientación. Esperemos que esto sea solo el principio y que en el futuro veamos proyectos más ambiciosos y extensos por parte de OSEAIn, porque han demostrado que saben cómo atrapar al jugador entre charcos de color magenta. Una experiencia breve, sí, pero con una personalidad que ya querrían para sí muchos estudios veteranos.
Despertar en la nada
En Rumbral empezamos de la forma más cruda posible: despertamos en un bosque oscuro y misterioso, rodeados de ruinas silenciosas y estructuras abandonadas. No hay cinemáticas explicando el contexto ni tutoriales que te traten como a un niño. Solo en los primeros compases, te indican los tres botones que utilizarás en toda la aventura. A partir de ahí, tienes tu curiosidad para avanzar a través de espacios que parecen haber sido dejados atrás por otros exploradores o supervivientes.
La narrativa se va descubriendo a través de los detalles del escenario y de objetos coleccionables especiales que están repartidos por el mundo (algunos bien escondidos). Estos objetos son vitales, ya que son los que realmente te permiten reconstruir la historia de este lugar y, de paso, descubrir algo sobre ti mismo. Aunque el juego no tiene voces, todos los textos están en castellano, algo que se agradece para no perderse ni un matiz de los fragmentos de historia que vamos localizando.
Realidades paralelas y un puto ciervo encabronado
Lo que separa a Rumbral de ser un simple "simulador de caminar" o “plataformas oscuro" con algún puzle entre medias, es su mecánica de realidades paralelas. El mundo está plagado de unos misteriosos charcos de líquido magenta que funcionan como portales. Al interactuar con ellos, viajas a otra realidad, permitiéndote influir en ambos planos para avanzar. Es un sistema de "causa-efecto" entre dimensiones que te obliga a resignificar los espacios para revelar lo que el mundo te estaba ocultando.

Es un juego de ritmo pausado donde los puzles ambientales te piden leer el mundo con atención. Tienes que observar e interactuar con el entorno para desbloquear el camino. Ojo, que no todo es pasear y pensar. En una de las zonas del juego te vas a cruzar con un ciervo cabrón que te lo va a hacer pasar realmente mal. Esos momentos de tensión rompen con el ritmo pausado y te obligan a estar muy atento al entorno si no quieres que el "bambi" de turno te empale o aplaste como una hormiga.
Sin embargo, aquí viene el punto que más nos ha dolido: Rumbral es extremadamente corto. Una primera partida, yendo con calma, se nos puede ir a poco más de una hora. De hecho, el juego incluye un logro/trofeo por superarlo en menos de 45 minutos, lo que deja claro que es una experiencia fugaz. Es una lástima, porque la atmósfera engancha tanto que te quedas con ganas de mucho más. Su rejugabilidad se limita a volver para encontrar ese coleccionable que se te escapó o para sacar el 100% de los logros/trofeos.
Apartado técnico
Visualmente, Rumbral hace un uso excelente del contraste. Bajo el poderoso Unreal Engine, el bosque y las estructuras derruidas están bañados en una oscuridad densa que transmite una soledad sobrecogedora. El diseño de las ruinas tiene ese toque de arquitectura abandonada que te hace preguntarte qué clase de civilización vivía allí. También nos ha gustado mucho el protagonista; esa máscara misteriosa que lleva le da un aura de enigma que encaja perfectamente con el tono del juego. Pero la verdadera estrella es el color magenta; no es solo un adorno, es una luz vibrante que corta el gris del mundo y guía tu mirada hacia los puntos de interés. El rendimiento es sólido y la dirección artística logra que, pese a ser un mundo desolado, quieras detenerte a mirar cada rincón.

El apartado sonoro es el que realmente hace el trabajo pesado para mantenerte en tensión. Al no haber diálogos, te vuelves muy consciente del eco de tus pasos sobre diferentes superficies, del viento silbando entre las estructuras y de esos ruidos ambientales que te hacen sospechar que no estás tan solo como parece. La banda sonora es minimalista, apareciendo en los momentos justos para subrayar el descubrimiento o la extrañeza del cambio de realidad. Es un diseño de audio muy inmersivo que compensa perfectamente la ausencia de voces.
Conclusión
Rumbral nos deja con una sensación agridulce, pero por los motivos correctos: nos ha gustado tanto su atmósfera que se nos ha hecho un suspiro. Es increíble pensar que este es el primer proyecto de una agencia de marketing salmantina que ha tenido que aprenderlo todo sobre la marcha; la semilla está muy bien plantada y demuestra que tienen ojo para el diseño y la ambientación. Esperemos que esto sea solo el principio y que en el futuro veamos proyectos más ambiciosos y extensos por parte de OSEAIn, porque han demostrado que saben cómo atrapar al jugador entre charcos de color magenta. Una experiencia breve, sí, pero con una personalidad que ya querrían para sí muchos estudios veteranos.
Análisis
Rumbral
"Dos realidades, un ciervo cabrón y mucha atmósfera tenebrosa"
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Nota Final
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