Puzles de "hora punta" que te durarán menos que un semáforo en rojo.
Si hay algo que todos odiamos en la vida real es un atasco un lunes por la mañana. Pues bien, Eastasiasoft y los chicos de Double Mizzlee han pensado que sería buena idea convertir ese suplicio en un videojuego. Avenue Escape nos suelta en mitad del caos urbano para que hagamos de agentes de movilidad improvisados. No esperes un simulador complejo; aquí hemos venido a dar órdenes de salida para que las furgonetas no acaben empotradas unas contra otras, aunque ya te aviso que el diseño del juego es un auténtico desbarajuste.
El rompecabezas de la hora punta
La mecánica de Avenue Escape es tan directa como un carril bus: tienes un escenario lleno de vehículos bloqueados y tu misión es sacarlos de allí de forma segura. El juego se estructura en 50 niveles que se pasan en un suspiro. Se echa en falta que hubieran duplicado o triplicado esa cifra, porque tal y como está, te lo ventilas en un rato de una sola tarde.
Para despejar el cruce, solo tienes que fijarte en las flechas que cada furgoneta tiene encima, las cuales indican la dirección exacta hacia la que se dirigirán. Tu única tarea es no mandarlas por una calle que todavía esté ocupada por otro vehículo. En ciertos niveles aparecerán semáforos con una cuenta atrás para el cambio de rojo a verde, o peatones que se mueven todos a la vez en bloque. Lo peor del juego es su nula estructura. En lugar de ir complicando la cosa de forma progresiva, la dificultad es una auténtica montaña rusa mal organizada.
Las mecánicas nuevas, como los semáforos o los peatones, no son fijas ni aparecen de forma lógica; el juego las añade o las quita según le da el aire de un nivel a otro. Tienes un límite de 3 vidas, y donde más posibilidades tienes de fallar es atropellando a algún despistado; chocar con otros vehículos o incluso contigo mismo es posible, pero mucho menos habitual.

Apartado técnico
Visualmente, el juego apuesta por una estética limpia y colorida. Lo curioso es el diseño de los vehículos: todos son pequeñas furgonetas que parecen sacadas de una película americana de helados. Los peatones, por su parte, son algo más variados, pero mantienen un diseño muy simple. A nivel de escenarios la desidia es total: el fondo es exactamente el mismo durante todo el juego. Solo cambian la posición de las carreteras y los elementos a resolver, pero la sensación de estar viendo siempre la misma pantalla es inevitable. En cuanto a las animaciones, tanto el cambio de luces de los semáforos como el desplazamiento de las furgonetas son correctos, cumpliendo su función.
En el apartado sonoro es donde más se le ven las costuras. La música es extremadamente repetitiva, un bucle que se te clava en el cerebro y que invita a quitar el volumen a los diez minutos. Los efectos de sonido son muy básicos: el ruido de los motores es genérico y, lo que es peor, los atropellos o choques no suenan como tal; les falta contundencia y realismo. Es un apartado que se siente hecho con lo justo para pasar el trámite.
Conclusión
Avenue Escape es un juego de puzles honesto, pero demasiado escaso. Es sencillo, visualmente simpático y entretiene el rato que dura, que no es mucho más de una hora tirando por lo alto. Su mayor pecado es ser excesivamente conservador y estar muy mal estructurado: sin mecánicas que se asienten y con una dificultad que sube y baja sin sentido, se queda en un aperitivo que sabe a poco. Eso sí, si eres de los que busca platines rápidos y logros fáciles, Eastasiasoft te lo vuelve a poner en bandeja. Es una experiencia ligera para pasar el rato, pero no esperes que te deje huella ni que te suponga un reto real.
El rompecabezas de la hora punta
La mecánica de Avenue Escape es tan directa como un carril bus: tienes un escenario lleno de vehículos bloqueados y tu misión es sacarlos de allí de forma segura. El juego se estructura en 50 niveles que se pasan en un suspiro. Se echa en falta que hubieran duplicado o triplicado esa cifra, porque tal y como está, te lo ventilas en un rato de una sola tarde.
Para despejar el cruce, solo tienes que fijarte en las flechas que cada furgoneta tiene encima, las cuales indican la dirección exacta hacia la que se dirigirán. Tu única tarea es no mandarlas por una calle que todavía esté ocupada por otro vehículo. En ciertos niveles aparecerán semáforos con una cuenta atrás para el cambio de rojo a verde, o peatones que se mueven todos a la vez en bloque. Lo peor del juego es su nula estructura. En lugar de ir complicando la cosa de forma progresiva, la dificultad es una auténtica montaña rusa mal organizada.
Las mecánicas nuevas, como los semáforos o los peatones, no son fijas ni aparecen de forma lógica; el juego las añade o las quita según le da el aire de un nivel a otro. Tienes un límite de 3 vidas, y donde más posibilidades tienes de fallar es atropellando a algún despistado; chocar con otros vehículos o incluso contigo mismo es posible, pero mucho menos habitual.

Apartado técnico
Visualmente, el juego apuesta por una estética limpia y colorida. Lo curioso es el diseño de los vehículos: todos son pequeñas furgonetas que parecen sacadas de una película americana de helados. Los peatones, por su parte, son algo más variados, pero mantienen un diseño muy simple. A nivel de escenarios la desidia es total: el fondo es exactamente el mismo durante todo el juego. Solo cambian la posición de las carreteras y los elementos a resolver, pero la sensación de estar viendo siempre la misma pantalla es inevitable. En cuanto a las animaciones, tanto el cambio de luces de los semáforos como el desplazamiento de las furgonetas son correctos, cumpliendo su función.
En el apartado sonoro es donde más se le ven las costuras. La música es extremadamente repetitiva, un bucle que se te clava en el cerebro y que invita a quitar el volumen a los diez minutos. Los efectos de sonido son muy básicos: el ruido de los motores es genérico y, lo que es peor, los atropellos o choques no suenan como tal; les falta contundencia y realismo. Es un apartado que se siente hecho con lo justo para pasar el trámite.
Conclusión
Avenue Escape es un juego de puzles honesto, pero demasiado escaso. Es sencillo, visualmente simpático y entretiene el rato que dura, que no es mucho más de una hora tirando por lo alto. Su mayor pecado es ser excesivamente conservador y estar muy mal estructurado: sin mecánicas que se asienten y con una dificultad que sube y baja sin sentido, se queda en un aperitivo que sabe a poco. Eso sí, si eres de los que busca platines rápidos y logros fáciles, Eastasiasoft te lo vuelve a poner en bandeja. Es una experiencia ligera para pasar el rato, pero no esperes que te deje huella ni que te suponga un reto real.

Análisis
Avenue Escape
"Puzles de "hora punta" que te durarán menos que un semáforo en rojo."
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Nota Final
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