Raquetazos con mala leche y pañales por doquier hacen que el caos absoluto aterrice en la pista central.
¡Prepara el brazo y despeja el salón, porque Nintendo ha decidido que el estreno de su nueva máquina necesita sudor y piques a partes iguales! La serie regresa con Mario Tennis Fever, y no es un título cualquiera: es la declaración de intenciones de lo que la Nintendo Switch 2 puede hacer cuando se trata de reunir a gente en el sofá. Si pensabas que con Aces ya lo habías visto todo, prepárate, porque esta vez han metido una marcha más, aunque se hayan dejado algún que otro fleco por el camino.
El plantel más bizarro y numeroso de la historia
Nintendo ha tirado la casa por la ventana con 38 personajes jugables, la cifra más alta de la franquicia. Pero ojo, no esperes tenerlos a todos de fiesta desde el primer minuto. Empezarás con una selección más bien corta y te tocará ganarte el pan desbloqueando al resto del roster. ¿Cómo? Pues ganando torneos específicos, cumpliendo desafíos o simplemente acumulando horas de vicio puro. Ver a los habituales como Mario, Bowser o Peach es lo normal, pero la locura llega con las incorporaciones que nadie vio venir.
Caco Gazapo (Nabbit) se perfila como el terror del meta por su velocidad endiablada y una hitbox escurridiza. Pero lo que rompe todos los esquemas es jugar con un Goomba. Es absurdo y brillante a la vez; ver cómo se desplaza por la pista y golpea la bola mediante cabezazos cargados de efecto es puro espíritu Nintendo. Tampoco nos olvidamos de Bebé Waluigi, que llega para sembrar el caos en formato pañal, sumándose a una lista donde cada personaje está categorizado (Potencia, Técnico, Velocidad, Defensa o Pícaro), lo que obliga a cambiar tu estilo según quién tengas enfrente.
Estrategia, gestión y mucho furor
En la pista, Mario Tennis Fever se siente increíble y ofrece opciones para todos. Puedes optar por el control tradicional con botones, ideal para los que buscan la precisión de toda la vida y un dominio técnico total, o lanzarte al modo realista usando los sensores de movimiento de los Joy-Con 2. Pero el juego va mucho más allá de dar raquetazos a lo loco.

Lo que realmente le da profundidad es la salud y el rendimiento de los personajes. Si recibes golpes potentes, el rendimiento de tu tenista cae en picado: te moverás más lento y tus golpes perderán fuerza. En los partidos de dobles esto es una carnicería; si le pegas una paliza física a un rival hasta dejarlo "K.O.", su compañero se quedará solo en la pista intentando defender lo indefendible.
Todo esto cambia según la pista: la tierra batida frena la bola y da botes altos, mientras que en la hierba el ritmo es frenético y te obliga a tener reflejos de ninja, sin olvidarse la pista de hielo u otras más locas que te dejamos descubrirlas. La estrategia también pasa por gestionar el medidor de furor; no basta con cargarlo, hay que saber cuándo soltar el golpe especial para no desperdiciarlo.
Lo mencionado anteriormente complemente a la gran novedad, las raquetas furor, con 30 variantes que inyectan un caos necesario. Por ejemplo, la raqueta de fuego no solo golpea más fuerte, sino que deja un rastro flamígero en la bola que quema al rival. Otros preferirán la raqueta Pokey, que invoca pequeños obstáculos en campo ajeno para forzar errores, o la raqueta turbo dorado para ganar ese "dash" extra de velocidad en bolas imposibles. Al igual que sucede con los personajes, deberemos de ir desbloqueando nuevos tipos de raqueta realizando diferentes tares, así podremos averiguar cuál será nuestro mejor combo para acabar con cualquier rival.

Un abanico de modos
El juego viene cargado de opciones, aunque con una de cal y otra de arena:
Sin embargo, el Modo Historia nos ha dejado un sabor agridulce. Encarnamos a Bebé Mario para salvar a la princesa Peach (que también se ha convertido en bebé) y devolverlo a su tamaño normal. Entre medias tendremos también a Wario y Waluigi en versión bebé, tocando las narices. A pesar de sus cuidadas cinemáticas, el modo está muy desaprovechado. Se siente como un tutorial excesivamente largo que dura apenas unas horas y apenas profundiza en mecánicas avanzadas. Se queda cortísimo y gran parte de los desafíos son demasiado simples. Cuando crees que va a llegar lo mejor, resultada que es el final. Es una bola de partido desperdiciada que podría haber dado mucho más de sí.

Apartado técnico
Aquí es donde la nueva consola demuestra de lo que es capaz. Las cinemáticas del modo historia tienen un acabado que parece sacado de una película de cine de animación, con una expresividad en los rostros que asombra. El nivel de detalle es muy alto: el pelaje de los Kong, la textura de la ropa o incluso el sudor de los personajes tras un set largo son visibles gracias a la mayor resolución. Los estadios son un espectáculo visual, con una densidad de público mucho mayor y una iluminación global que hace que los reflejos en las pistas sintéticas o la sombra de las nubes sobre el césped luzcan espectaculares. Todo corre a 60 FPS rocosos, manteniendo la fluidez incluso cuando el motor gráfico tiene que gestionar explosiones, efectos de fuego y múltiples personajes en pantalla.
El sonido es ahora mucho más rico y envolvente. Se ha prestado especial atención a los "samples" de las raquetas: no suena igual el impacto de una raqueta de madera que el chasquido eléctrico de una turbo o el siseo flamígero de las raquetas de efectos. La banda sonora orquestal es épica y dinámica, reaccionando a lo que ocurre en la pista; si el partido llega al deuce, la música sube de tono para meter presión. Además, el ambiente del estadio es mucho más reactivo, con gritos individuales de la grada y una respuesta sonora del público que varía según la espectacularidad de tus golpes.
Conclusión
Mario Tennis Fever es un título de lanzamiento que cumple su función: es divertido, visualmente impactante y perfecto para estrenar esos Joy-Con 2 “morados y verdes”. El sistema de raquetas furor y el plantel tantos personajes aseguran que las tardes sean un éxito rotundo. Pero es una verdadera lástima que el modo historia sea tan flojo y se quede en un tutorial glorificado que sabe a poco, porque el resto del conjunto tiene mimbres para ser algo grande. Si buscas un juego para quemar el multijugador o medirte en el online, es una compra recomendada que luce de miedo en la nueva pantalla. Pero como experiencia para un solo jugador, Nintendo se ha quedado a medio gas con una campaña que no está a la altura del despliegue técnico del juego.
El plantel más bizarro y numeroso de la historia
Nintendo ha tirado la casa por la ventana con 38 personajes jugables, la cifra más alta de la franquicia. Pero ojo, no esperes tenerlos a todos de fiesta desde el primer minuto. Empezarás con una selección más bien corta y te tocará ganarte el pan desbloqueando al resto del roster. ¿Cómo? Pues ganando torneos específicos, cumpliendo desafíos o simplemente acumulando horas de vicio puro. Ver a los habituales como Mario, Bowser o Peach es lo normal, pero la locura llega con las incorporaciones que nadie vio venir.
Caco Gazapo (Nabbit) se perfila como el terror del meta por su velocidad endiablada y una hitbox escurridiza. Pero lo que rompe todos los esquemas es jugar con un Goomba. Es absurdo y brillante a la vez; ver cómo se desplaza por la pista y golpea la bola mediante cabezazos cargados de efecto es puro espíritu Nintendo. Tampoco nos olvidamos de Bebé Waluigi, que llega para sembrar el caos en formato pañal, sumándose a una lista donde cada personaje está categorizado (Potencia, Técnico, Velocidad, Defensa o Pícaro), lo que obliga a cambiar tu estilo según quién tengas enfrente.
Estrategia, gestión y mucho furor
En la pista, Mario Tennis Fever se siente increíble y ofrece opciones para todos. Puedes optar por el control tradicional con botones, ideal para los que buscan la precisión de toda la vida y un dominio técnico total, o lanzarte al modo realista usando los sensores de movimiento de los Joy-Con 2. Pero el juego va mucho más allá de dar raquetazos a lo loco.

Lo que realmente le da profundidad es la salud y el rendimiento de los personajes. Si recibes golpes potentes, el rendimiento de tu tenista cae en picado: te moverás más lento y tus golpes perderán fuerza. En los partidos de dobles esto es una carnicería; si le pegas una paliza física a un rival hasta dejarlo "K.O.", su compañero se quedará solo en la pista intentando defender lo indefendible.
Todo esto cambia según la pista: la tierra batida frena la bola y da botes altos, mientras que en la hierba el ritmo es frenético y te obliga a tener reflejos de ninja, sin olvidarse la pista de hielo u otras más locas que te dejamos descubrirlas. La estrategia también pasa por gestionar el medidor de furor; no basta con cargarlo, hay que saber cuándo soltar el golpe especial para no desperdiciarlo.
Lo mencionado anteriormente complemente a la gran novedad, las raquetas furor, con 30 variantes que inyectan un caos necesario. Por ejemplo, la raqueta de fuego no solo golpea más fuerte, sino que deja un rastro flamígero en la bola que quema al rival. Otros preferirán la raqueta Pokey, que invoca pequeños obstáculos en campo ajeno para forzar errores, o la raqueta turbo dorado para ganar ese "dash" extra de velocidad en bolas imposibles. Al igual que sucede con los personajes, deberemos de ir desbloqueando nuevos tipos de raqueta realizando diferentes tares, así podremos averiguar cuál será nuestro mejor combo para acabar con cualquier rival.

Un abanico de modos
El juego viene cargado de opciones, aunque con una de cal y otra de arena:
- Modo Torneo: La experiencia clásica. Contamos con tres torneos diferentes (Copa Champiñón, Flor y Estrella) que escalan en dificultad y nos obligan a dominar cada superficie.
- Modo Realista: El regreso del control por movimiento. La tecnología de los Joy-Con 2 es asombrosa y detecta la inclinación de la muñeca 1:1.
- Modo Popurrí: Un cajón de sastre lleno de minijuegos entretenidos, desde desafíos de puntuación hasta partidos con reglas locas. Es ideal para desconectar de la competición pura.
- Modo Libre: Tú mandas. Aquí puedes configurar las reglas de todo, desde el tipo de raqueta permitida hasta el número de sets.
- Multijugador: Aquí se agrupa el online clasificatorio contra el mundo, el modo casual y el multijugador local con varias consolas. Destaca la función GameShare, que permite que hasta cuatro jugadores salten a la pista usando una sola copia del juego. Salvo el modo historia, prácticamente todo el título se puede disfrutar en compañía.
Sin embargo, el Modo Historia nos ha dejado un sabor agridulce. Encarnamos a Bebé Mario para salvar a la princesa Peach (que también se ha convertido en bebé) y devolverlo a su tamaño normal. Entre medias tendremos también a Wario y Waluigi en versión bebé, tocando las narices. A pesar de sus cuidadas cinemáticas, el modo está muy desaprovechado. Se siente como un tutorial excesivamente largo que dura apenas unas horas y apenas profundiza en mecánicas avanzadas. Se queda cortísimo y gran parte de los desafíos son demasiado simples. Cuando crees que va a llegar lo mejor, resultada que es el final. Es una bola de partido desperdiciada que podría haber dado mucho más de sí.

Apartado técnico
Aquí es donde la nueva consola demuestra de lo que es capaz. Las cinemáticas del modo historia tienen un acabado que parece sacado de una película de cine de animación, con una expresividad en los rostros que asombra. El nivel de detalle es muy alto: el pelaje de los Kong, la textura de la ropa o incluso el sudor de los personajes tras un set largo son visibles gracias a la mayor resolución. Los estadios son un espectáculo visual, con una densidad de público mucho mayor y una iluminación global que hace que los reflejos en las pistas sintéticas o la sombra de las nubes sobre el césped luzcan espectaculares. Todo corre a 60 FPS rocosos, manteniendo la fluidez incluso cuando el motor gráfico tiene que gestionar explosiones, efectos de fuego y múltiples personajes en pantalla.
El sonido es ahora mucho más rico y envolvente. Se ha prestado especial atención a los "samples" de las raquetas: no suena igual el impacto de una raqueta de madera que el chasquido eléctrico de una turbo o el siseo flamígero de las raquetas de efectos. La banda sonora orquestal es épica y dinámica, reaccionando a lo que ocurre en la pista; si el partido llega al deuce, la música sube de tono para meter presión. Además, el ambiente del estadio es mucho más reactivo, con gritos individuales de la grada y una respuesta sonora del público que varía según la espectacularidad de tus golpes.
Conclusión
Mario Tennis Fever es un título de lanzamiento que cumple su función: es divertido, visualmente impactante y perfecto para estrenar esos Joy-Con 2 “morados y verdes”. El sistema de raquetas furor y el plantel tantos personajes aseguran que las tardes sean un éxito rotundo. Pero es una verdadera lástima que el modo historia sea tan flojo y se quede en un tutorial glorificado que sabe a poco, porque el resto del conjunto tiene mimbres para ser algo grande. Si buscas un juego para quemar el multijugador o medirte en el online, es una compra recomendada que luce de miedo en la nueva pantalla. Pero como experiencia para un solo jugador, Nintendo se ha quedado a medio gas con una campaña que no está a la altura del despliegue técnico del juego.

Análisis
Mario Tennis Fever
"Raquetazos con mala leche y pañales por doquier hacen que el caos absoluto aterrice en la pista..."
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Nota Final
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