Análisis

Twilight Parade: Moonlit Mononoke

PC, PlayStation 4, Xbox One, Switch, PlayStation 5, Xbox Series, Switch 2
3.6

Publicado el 17-01-2026 a las 18:07

Autor: Juan Ramón "juanramonh" Herrera

Una fiesta Yokai corta, intensa y muy

Eastasiasoft y Super16bits nos traen Twilight Parade: Moonlit Mononoke, una propuesta que entra por los ojos y busca conquistar a los fans del subgénero "cute 'em up". La premisa ya te saca una sonrisa y se aleja de las guerras intergalácticas: no eres el héroe elegido que va a salvar el mundo, eres un par de gemelas Oni (demonios japoneses) que no han sido invitados a la fiesta del año y han decidido colarse por las malas. Es un título que bebe directamente de joyas como Pocky & Rocky o Parodius, apostando por un desplazamiento vertical frenético pero adorable. 

Disparos, gemas y manuales perdidos

La jugabilidad es sota, caballo y rey, puro arcade de la vieja escuela. Tan de la vieja escuela que el juego ni se molesta en explicarte cómo se juega. No busques un tutorial ni indicaciones de botones; te sueltan en la primera fase y apáñatelas. Básicamente, descubrirás por tu cuenta que, aunque hay tres botones de disparo, dos hacen lo mismo y el tercero es el "modo enfoque" (focus), que ralentiza tu movimiento para esquivar con precisión milimétrica. El sistema de defensa tiene su miga. Cuentas con un ataque especial (bombas) limitado a tres usos por vida. Lo interesante es que funciona también como un "seguro de vida": si un proyectil te alcanza y tienes bombas, se activa sola para salvarte el pellejo. Eso sí, se echa en falta la posibilidad de rellenar estos especiales, algo habitual en el género.

Twilight Parade: Moonlit Mononoke cuenta con 4 personajes para elegir (los gemelos y dos amigos más), cada uno con su propio tipo de disparo y sus asistentes o "familiars", pero aquí hay trampa. Cada uno tiene 2 modelos de vestuario distintos, y si eres un cazador de logros/trofeos, el juego te obligará a pasártelo con todas las variantes. Es decir, tendrás que repetir el juego 8 veces. Es una forma bastante artificial de alargar la vida de un título que, siendo realistas, se completa en unos 20 minutos por vuelta.

El juego consta de 5 fases, pero se te van a hacer cortas. Los escenarios recorren un Japón feudal lleno de Yokais (fantasmas, demonios paraguas, linternas vivientes...) que intentan pararte los pies. La acción es caótica pero divertida. Es un juego accesible, pensado para pasar el rato esquivando patrones de balas que, aunque llenan la pantalla, suelen ser bastante nobles y legibles. Los jefes finales son el plato fuerte. Son grandes, tienen diseños chulos basados en la mitología japonesa y varias fases de ataque. Sin embargo, si eres un veterano del género, te los vas a merendar sin pestañear. El juego peca de ser demasiado fácil.


Por último, un detalle crucial: la hitbox. Los sprites de los personajes son enormes, lo que al principio asusta, pero tranquilo: tu único punto débil es la gema que llevan equipada. El resto del cuerpo es invulnerable, así que toca cambiar el chip y fijarse solo en ese pequeño punto brillante para no morir. Como detalle a mencionar, viene con textos en español, aunque ya te aviso que es algo anecdótico: solo sirve para entender los menús, porque historia, lo que se dice historia, no hay.

Apartado técnico

Super16bits sabe lo que hace con el pixel art. El juego es vibrante y lleno de vida. Los sprites de los personajes están animados con mucho mimo, y los enemigos, lejos de dar miedo, tienen ese diseño carismático del folclore nipón caricaturizado. Los fondos merecen una mención aparte: aunque el scroll vertical es continuo, hay una buena variedad de entornos, desde bosques encantados hasta templos iluminados por la luna, con un uso de la paleta de colores (predominio de morados, rosas y azules nocturnos) que le da una identidad visual muy potente. Eso sí, ojo en los niveles avanzados: cuando se juntan proyectiles, enemigos y fondos detallados, la pantalla puede volverse un festival de luces donde a veces cuesta distinguir dónde narices está tu gema.

La banda sonora es una mezcla de melodías tradicionales japonesas con ritmos electrónicos y chiptune que le sienta como un guante. Tiene esa atmósfera de "Matsuri" (festival japonés) constante, con flautas y tambores digitales que marcan el ritmo de los disparos. Los efectos sonoros cumplen con el estándar arcade: disparos contundentes, sonidos "glitchy" al recoger las recompensas y explosiones satisfactorias. No es una banda sonora que vaya a ganar premios por complejidad, pero consigue que no se haga pesado el bucle de "disparar-esquivar-matar" y mantiene el tono festivo de la obra.


Conclusión

Twilight Parade: Moonlit Mononoke es un homenaje honesto y directo a una época donde lo importante era la puntuación y la diversión inmediata. Es un "quiero y no puedo" que se queda a medio camino: tiene un arte bonito y una buena mecánica, pero carece de profundidad y contenido real. Funciona genial como puerta de entrada para los que nunca han tocado un shmup gracias a su baja dificultad y sus ayudas, o para desconectar el cerebro tras un día largo. Pero si buscas un reto serio o un juego que te dure más de una tarde sin obligarte a repetir lo mismo una y otra vez por puro trámite, quizás esta fiesta no sea para ti.

Twilight Parade: Moonlit Mononoke
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Twilight Parade: Moonlit Mononoke

"Una fiesta Yokai corta, intensa y muy "

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