Me considero un fan del genero de las novelas visuales. La historia es divertida y consigue que te preocupes por Kuon y su mundo, dejándote mordiéndote las uñas con algunos de los eventos y giros de guión del título. Incluso el juego no olvida su pasado como juego para adultos, metiéndonos de vez en cuando, aunque a veces sea un poco con calzador, alguna que otra ilustración "picante" o situaciones tópicas, como las típicas termas termales y la manía de espiar, y también situaciones de lo más particulares, como una extraña obsesión por parte de un palomo gigante (literal, un ave inmensa) con nosotros. Pero el juego consigue en algunas ocasiones desalentarte.

El comienzo me recuerda mucho, muchísimo al primer
Fire Emblem que vimos en España. Un tío perdido en mitad del prado
salvado al borde de la inanición por una bellísima y amabilísima Lyn.
Pero apenas dará tiempo a que conozcamos su nombre, por qué vive sola y
por qué tiene el pelo verde, y ya nos veremos envueltos en el primer
combate. Utawarerumono prácticamente sigue el mismo esquema. Salvo que
toda la historia que nos va a contar lo mismo nos hace estar una hora
frente al televisor. ¡Y eso que tengo un nivel C2 de inglés!
En
algunas ocasiones, nos sentiremos muy tentados de poner el fast forward
para que la siguiente misión llegue antes. En otras, nos reiremos las
tonterías de Maroro a la vez que no podemos evitar sentirnos culpables
por estar deseando que acabe ya. Creo que hace falta tener un interés
real y genuino por el mundo del juego antes de apreciar la tremenda
cantidad de historia que nos depara. Y lamentablemente, Utawarerumono no
nos da oportunidad a que echemos en falta un poco de color sobre el
lienzo que nos pintan antes de avasallarnos.
Un ritmo bucólico y amable
Técnicamente,
hay que perdonarle mucho al título, sabiendo que ha sido un título
cross-save desarrollado a la par para PS4 y Vita. En la parte de novela
visual, hay pocas quejas, aparte de lo habitual en este tipo de juegos.
El estilo del dibujo es claro y bonito, los paisajes y las escenas
intermedias son dignas de un cuadro, pero el juego no termina de tener
la variedad que debería de animaciones o de ilustraciones especiales.
Utawarerumono, en mi opinión, abusa de la imaginación en algunas
ocasiones, cuando podría añadir mucho más peso a lo que nos está
contando si tan sólo hubieran añadido un garabato o dos en algunos
momentos. Y es que no es lo mismo leer que un palomo gigante (literal)
nos ha cogido cariño y nos está aplastando, que verlo estilo super
deformed. Costaría mucho menos imaginarse el castigo físico que impone
Kuon a Haku con su cola si lo viéramos, en lugar de leerlo. Tampoco es
lo mismo ver el sprite de siempre de cierto personaje celebrando un
funeral íntimo, que ver una ilustración de dicho funeral.

Las
fases de estrategia, si bien se desarrollan en un plano 2D, cuentan con
todo un mundo modelado en tres dimensiones. Los personajes son bastante
monos, no terminan de tener ni unas proporciones ni un aspecto realista,
lo que unido a unos monstruos que exudan magia ayuda mucho a enmarcar
todo en un mundo de fantasía. Por lo demás, poco que añadir. No nos
encontraremos grandes efectos gráficos, ni brutalidades estilo Disgaea.
Simplemente, cumple, al igual que la banda sonora, un toque ambiental,
amable y hogareño que, sin duda, nos pondrá de buen humor.