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Dying Breed

PC

Publicado el 19-05-2026 a las 16:21

Autor: Marcos "Bishamon" del Amo

El legado de la GDI y NOD está más vivo que nunca.

Pensábamos que la última guerra nos llevaría por fin a una paz mundial. La Sustancia D nos demostró lo equivocados que estábamos. Con esta premisa, presentamos las impresiones de Dying Breed, un juego de estrategia en tiempo real clásico, inspirado en títulos como Command and Conquer. Este juego está siendo desarrollado por el equipo de Sarnayer, así como editado por MicroProse Software. En estos momentos, se encuentra en formato Early Access, por lo que su desarrollo aún no ha terminado.


El problema de la sustancia

Dying Breed nos lleva a un mundo alternativo a partir de la Segunda Guerra Mundial. En dicho conflicto, EE. UU. y la URSS no intervienen hasta 1945. Tras seis años de guerra, Hitler y sus aliados están a punto de ser vencidos. Debido a esto, Hitler decide emplear masivamente bombas nucleares, convirtiendo parte del mundo en una ruina radiactiva. La guerra termina, pero ¿a qué precio? Además, Hitler desaparece.

De forma desesperada, muchos supervivientes migran hacia África y Sudamérica para salvarse. Por desgracia, tras más de veinte años de “paz”, se descubre un misterioso mineral denominado Sustancia D, una sustancia que será crucial en el juego. Tras décadas de investigación, se descubren varias cosas sobre ella:

  • Funciona como fuente de energía.
  • Puede clonar y mutar aquello que haya a su alrededor, incluso personas.

En la época en la que da comienzo el juego (1994), algunos científicos en África comienzan a alertar sobre el peligro de esta sustancia, pero son censurados y secuestrados por una facción desconocida. Un hombre llamado Ubik comienza a crear un ejército de cultistas y monstruos basados en la Sustancia D, fundando una de las facciones del juego: Empire Ascending Order, una facción de tintes terroristas y fascistas que está detrás de las desapariciones. Debido a su actitud despótica y a su poder militar, los antiguos migrantes europeos se unen formando la otra facción del juego: Westworld Alliance. La guerra está servida. Bienvenidos a Dying Breed.

Libra una guerra convencional, con métodos modernos

A la hora de hablar de su jugabilidad, no cabe duda de que busca en todo momento recrear la experiencia de Command and Conquer. Por ahora, el juego consiste en dos campañas, una por cada facción, con un total de treinta y cuatro misiones. En principio, podemos ver diversos tipos de misiones: algunas nos piden construir una base al estilo C&C —energía para los edificios, defensas, barracones, fábricas y astilleros, entre otras cosas—. En el juego podemos desplegar tanto unidades terrestres como aéreas y navales.

Desde soldados hasta médicos, ingenieros, vehículos y aeronaves. Hay cierta coincidencia entre muchas unidades de ambas facciones. No obstante, Empire Ascending Order cuenta con un tipo de unidades fruto de los experimentos con la Sustancia D. En este sentido, aparecen unidades a medio camino entre cíborgs y zombis, también muchos mirror guys. Es decir, clones, otras unidades con implantes cibernéticos, robots e incluso fauna local mutada.

En muchas ocasiones hay que eliminar la base o las unidades enemigas, e incluso defender nuestra base frente a oleadas enemigas que provienen de varias direcciones. No obstante, Dying Breed tiene una mecánica particular. Hay momentos en los que podemos entrar en cuevas, pozos e incluso sistemas de teletransporte que nos hacen acceder a nuevos planos de la misión. Esto implica que una misión puede tener varios planos por los que podemos viajar con un botón. Esto es muy típico en misiones en las que debemos rescatar a alguien, como Gambo. También sirve para buscar instalaciones secretas y sabotearlas. Esto es algo sumamente divertido y desafiante, puesto que el juego continúa funcionando en tiempo real en ambos planos.

Un descuido y podemos perder la partida al no reaccionar a la destrucción de nuestra base o a la muerte de un personaje clave mientras miramos un plano distinto. Más allá de eso, podemos encontrar atajos para atacar al enemigo desde su retaguardia, descubrir algún que otro secreto o nuevas amenazas bajo tierra. Parte del entorno permite cierto nivel de interacción. Por ejemplo, en la misión 7, el ingeniero puede abrir puertas a través de ciertas consolas junto a ellas. Cada facción tiene habilidades como devastadoras superarmas, refuerzos y drones espía.

Hay algunas unidades especiales, como los espías —invisibles salvo para los perros—, Gambo o las “científicas”. Esencialmente, el juego es entretenido, desafiante y nostálgico. Ideal para fans del género y de C&C, así como para jugadores casuales. Lo cierto es que, para ser un indie en Early Access, el juego no presenta tantos problemas y fallos como cabría esperar.

Una “nueva” África

A la hora de hablar de su apartado gráfico, nos encontramos con que Dying Breed es un juego en 2D creado con Unity. El juego trata de emular lo máximo posible a Command and Conquer, hasta el punto de recrear su apartado gráfico. Un apartado pixelado donde podemos hacer zoom para ver los detalles de todo. Es cierto que, ya que emula a clásicos de los años 90, no ofrece unos gráficos impresionantes para lo que hay hoy en día. Debemos tener en cuenta que es un juego indie que recrea un título antiguo, por lo que los gráficos no solo son adecuados, sino incluso mejores que los de aquella saga. Vemos diversos tipos de unidades, algunas monstruosas, así como buenas animaciones de ataque y durante las muertes de las unidades.

También, gracias a los distintos planos, podemos ver zonas de superficie como ciudades, pueblos, bosques o playas con instalaciones secretas, algunas subterráneas, cuya entrada es un pozo. También diversos detalles en forma de símbolos, pasillos y puertas que se abren mediante un ordenador o una consola cercana. En cuanto al apartado cinemático y demás, hay muchos momentos divertidos con diversos actores e incluso miembros del equipo de desarrollo aportando toques de locura, simpatía, misterio o amenaza.

En cuanto al apartado sonoro, vemos temas que mezclan electrónica con elementos de rock. Música intensa, adecuada para un conflicto épico entre lo que queda de la humanidad. Hay diecinueve pistas en total; cada facción tiene su propia banda sonora. Durante el juego, en una parte de la interfaz que se puede desplegar y retraer, podemos seleccionar la pista sonora, cambiarla o incluso pararla. Un trabajo creado por los compositores Juan Ignacio López, Pablo Fraga y Fernando Espinosa.

Conclusión

Dying Breed es un buen juego de estrategia en tiempo real de corte clásico. Un tributo a los años 90, muy habitual hoy en día. Además, es un proyecto que se encuadra en una serie de títulos basados en los famosos Command and Conquer, Starcraft y similares. Algo que para los fans de esta rama de la estrategia es una maravilla.

En el caso concreto de Dying Breed, encontramos una buena trama, aunque vista en otras ocasiones. Humor, misterio y conflicto. También una jugabilidad clásica con elementos que, la verdad, son golpes de ingenio, como los planos paralelos durante las partidas. Igualmente, encontramos un buen apartado gráfico para la premisa del juego y una buena banda sonora. No obstante, aún queda desarrollo por delante y potencial por alcanzar. Sin embargo, es una buena opción para aquellos que disfruten de la estrategia en general.