El videojuego cobra vida con golpes contundentes, una historia de lealtad y la mejor banda sonora de los 90.
Desde que en 1987 llegó a las recreativas Street Fighter, el fenómeno no ha parado de crecer. Revolucionó por completo el género con la llegada de Street Fighter II y desde entonces es, por decreto, uno de los nombres importantes a la hora de hablar de juegos de lucha. Capcom logró que sus enfrentamientos pasaran a ser un fenómeno cultural más allá de las pantallas. Así, ahora mismo Ryu, Ken, Chun-Li o Bison son personajes reconocibles incluso para quienes nunca han tocado un joystick. Paramount Pictures y Legendary Pictures, en asociación con Capcom, vuelven a llevar este universo al cine con una adaptación dirigida por Kitao Sakurai que lanza una propuesta sólida a los espectadores.
Tras un prólogo que resume mucho los eventos sucedidos en el primer juego, en 1987, la cinta da un salto hasta 1993. La película reúne un buen elenco de luchadores emblemáticos para la segunda edición del torneo World Warrior. ¿Cumple lo que promete? Vamos a comprobarlo. Round One… ¡Fight!
Ryu y Ken, el legado de Gouken
La historia gira alrededor de la hermandad entre Ryu, interpretado por Andrew Koji, y Ken Masters, al que da vida Noah Centineo. Ambos crecieron juntos entrenando junto a Gouken, quien les enseñó el camino del honor y lo peligroso de sucumbir al poder del Hadou. Tras alzarse como campeón, Ryu desaparece y Ken cae en desgracia hasta que Chun-Li, interpretada por Callina Liang, aparece en busca de nuevos luchadores para el próximo torneo World Warrior. Lo que comienza como una nueva oportunidad para demostrar sus habilidades pronto se convierte en algo mucho más peligroso.
Tanto Koji como Centineo encarnan sus personajes con actuaciones muy convincentes. El tono entero de la película invita a tomarse en serio a sí misma dentro del universo de Street Fighter. Como si se tratase de un anime, encontramos escenas espectaculares, con una ambientación e iluminación dignas de la saga y centradas en la parte más callejera de la franquicia.

Por la cinta vamos a ver desfilar un elenco increíble que va desde los principales más reconocibles, hasta personajes más easter egg, para los más fans. También se recrean algunos de los escenarios más famosos, e incluso dejan sonar algunas de las canciones que harán agarrarse fuerte a la butaca a más de uno recordando sus mejores combates.
Un reparto lleno de nombres reconocibles
Y es que una de las grandes bazas de esta adaptación es la cantidad de personajes que reúne. El universo de Street Fighter no para de crecer con cada nuevo título, cada uno con su propia personalidad, estilo de combate e identidad visual. La película aprovecha ese catálogo para presentar a figuras como Guile, Balrog, Blanka, Dhalsim, Vega o Zangief, reuniendo a algunos de los luchadores más famosos del momento y a personalidades del deporte o del entretenimiento para ponerles rostro.
No queremos chafar ninguna sorpresa, así que solo diremos que todos ellos cumplen, no vaya a ser que alguno no haya querido mirar el cartel y prefiera sorprenderse con quién interpreta a quién. Tan solo podemos decir que todos cumplen con creces y quizá la nota más discordante la hemos encontrado en Cammy, que queda algo desdibujada como villanísima en esta cinta, en contraposición a la Cammy que nos ofreció Kylie Minogue en 1994.

De tus mandos a la gran pantalla
Kitao Sakurai ha logrado a la dirección una adaptación cuyo mayor reto era convertir el lenguaje de un videojuego de lucha en una experiencia cinematográfica. Trazando una historia sencilla y una subtrama pintona, completa la historia de este segundo Torneo World Warrior.
Los Hadoukens, las patadas giratorias y los movimientos especiales se sienten contundentes y a tono con la película. La identidad de Street Fighter está impregnada por toda la cinta, que tiene un tufillo noventero en el buen sentido.
Con tantos personajes sobre el tablero, el desafío era encontrar un equilibrio entre fidelidad al material original y desarrollo cinematográfico. La película goza de una escenografía digna del videojuego, reconoceremos muchos escenarios. El vestuario también es bastante fiel a lo que se espera de una adaptación como esta y la música resulta una auténtica delicia. La banda sonora encadena temazos noventeros con las canciones más reconocibles de la franquicia de una forma magistral, creando coreografías increíbles.
Por último, no quería dejar de lado el tono humorístico, que incluye mucho chiste interno de la franquicia, guiños a la película del 94 y algún easter egg de Final Fight.

Conclusión
Street Fighter sirve en bandeja un universo de personajes reconocibles, con su rivalidad clásica y un torneo que ofrece un espectáculo sensorial para construir una aventura de acción. Si tuviéramos que asemejarla a algún blockbuster reciente, quizá la más similar sería He-Man, pero sin duda los golpes de Ryu y Ken superan con creces la franquicia de Mattel ofreciendo un espectáculo único. Y ojo, no os levantéis antes de tiempo, que hay escena post-créditos, avisados estáis.
Tras un prólogo que resume mucho los eventos sucedidos en el primer juego, en 1987, la cinta da un salto hasta 1993. La película reúne un buen elenco de luchadores emblemáticos para la segunda edición del torneo World Warrior. ¿Cumple lo que promete? Vamos a comprobarlo. Round One… ¡Fight!
Ryu y Ken, el legado de Gouken
La historia gira alrededor de la hermandad entre Ryu, interpretado por Andrew Koji, y Ken Masters, al que da vida Noah Centineo. Ambos crecieron juntos entrenando junto a Gouken, quien les enseñó el camino del honor y lo peligroso de sucumbir al poder del Hadou. Tras alzarse como campeón, Ryu desaparece y Ken cae en desgracia hasta que Chun-Li, interpretada por Callina Liang, aparece en busca de nuevos luchadores para el próximo torneo World Warrior. Lo que comienza como una nueva oportunidad para demostrar sus habilidades pronto se convierte en algo mucho más peligroso.
Tanto Koji como Centineo encarnan sus personajes con actuaciones muy convincentes. El tono entero de la película invita a tomarse en serio a sí misma dentro del universo de Street Fighter. Como si se tratase de un anime, encontramos escenas espectaculares, con una ambientación e iluminación dignas de la saga y centradas en la parte más callejera de la franquicia.

Por la cinta vamos a ver desfilar un elenco increíble que va desde los principales más reconocibles, hasta personajes más easter egg, para los más fans. También se recrean algunos de los escenarios más famosos, e incluso dejan sonar algunas de las canciones que harán agarrarse fuerte a la butaca a más de uno recordando sus mejores combates.
Un reparto lleno de nombres reconocibles
Y es que una de las grandes bazas de esta adaptación es la cantidad de personajes que reúne. El universo de Street Fighter no para de crecer con cada nuevo título, cada uno con su propia personalidad, estilo de combate e identidad visual. La película aprovecha ese catálogo para presentar a figuras como Guile, Balrog, Blanka, Dhalsim, Vega o Zangief, reuniendo a algunos de los luchadores más famosos del momento y a personalidades del deporte o del entretenimiento para ponerles rostro.
No queremos chafar ninguna sorpresa, así que solo diremos que todos ellos cumplen, no vaya a ser que alguno no haya querido mirar el cartel y prefiera sorprenderse con quién interpreta a quién. Tan solo podemos decir que todos cumplen con creces y quizá la nota más discordante la hemos encontrado en Cammy, que queda algo desdibujada como villanísima en esta cinta, en contraposición a la Cammy que nos ofreció Kylie Minogue en 1994.

De tus mandos a la gran pantalla
Kitao Sakurai ha logrado a la dirección una adaptación cuyo mayor reto era convertir el lenguaje de un videojuego de lucha en una experiencia cinematográfica. Trazando una historia sencilla y una subtrama pintona, completa la historia de este segundo Torneo World Warrior.
Los Hadoukens, las patadas giratorias y los movimientos especiales se sienten contundentes y a tono con la película. La identidad de Street Fighter está impregnada por toda la cinta, que tiene un tufillo noventero en el buen sentido.
Con tantos personajes sobre el tablero, el desafío era encontrar un equilibrio entre fidelidad al material original y desarrollo cinematográfico. La película goza de una escenografía digna del videojuego, reconoceremos muchos escenarios. El vestuario también es bastante fiel a lo que se espera de una adaptación como esta y la música resulta una auténtica delicia. La banda sonora encadena temazos noventeros con las canciones más reconocibles de la franquicia de una forma magistral, creando coreografías increíbles.
Por último, no quería dejar de lado el tono humorístico, que incluye mucho chiste interno de la franquicia, guiños a la película del 94 y algún easter egg de Final Fight.

Conclusión
Street Fighter sirve en bandeja un universo de personajes reconocibles, con su rivalidad clásica y un torneo que ofrece un espectáculo sensorial para construir una aventura de acción. Si tuviéramos que asemejarla a algún blockbuster reciente, quizá la más similar sería He-Man, pero sin duda los golpes de Ryu y Ken superan con creces la franquicia de Mattel ofreciendo un espectáculo único. Y ojo, no os levantéis antes de tiempo, que hay escena post-créditos, avisados estáis.