De las firmas de Andy a la luz azul de las tablets. Pixar vuelve a darnos en el corazón.
Parece que fue ayer cuando en 1995 entramos en el cine para ver una auténtica revolución digital; aquellos niños que alucinamos con la novedad de ver juguetes cobrando vida por ordenador somos ahora adultos con canas que volvemos a la sala llevando de la mano a nuestros propios hijos (quien los tenga). Ese vínculo emocional que Pixar ha construido durante tres décadas es una herramienta poderosísima, y en esta quinta entrega saben usarla para disparar directo al corazón. Sin embargo, el sheriff y el guardián espacial ya no luchan contra un vecino gamberro o un coleccionista sin escrúpulos; ahora el enemigo es mucho más frío y está en el bolsillo de cada niño: la tecnología.
Guerra generacional y el fin de la imaginación
La premisa de esta entrega, dirigida por Andrew Stanton (Buscando a Nemo, WALL-E) y codirigida por Kenna Harris (Toy Story 4), nos muestra a la pandilla intentando sobrevivir a una "nueva forma de jugar". Ya no es solo que el niño crezca, es que el niño está hipnotizado por dispositivos electrónicos. El guion, firmado también por Stanton (Monstruos S.A.) y Harris, nos lanza una reflexión bastante cruda: la tecnología está dejando a las nuevas generaciones un tanto "atontadas", perdiendo esa capacidad infantil de crear mundos enteros con un simple trozo de plástico o cualquier objeto que la imaginación dictara. Es una realidad que duele ver en pantalla, pero que Pixar retrata con una honestidad valiente.
El doblaje: Una de cal y otra de arena en España
Si decides ver la película en su versión original, el reparto se mantiene sólido con leyendas como Tom Hanks (Forrest Gump, Náufrago), Tim Allen (¡Vaya Santa Claus!) y Joan Cusack (Armas de mujer, In & Out) como Jessie. Sin embargo, en España, la experiencia se siente agridulce por causas que nos tocan la fibra.
En el caso de Buzz Lightyear, el cambio era inevitable. José Luis Gil (la voz habitual de Patrick Swayze, Marlín, Tarzán…), tras sufrir aquel ictus, no ha podido retomar al personaje. Desde aquí le deseamos su mejoría porque se le añora horrores. Su sustituto es Pablo del Hoyo (voz habitual de Ben Stiller), un profesional inmenso que hace un trabajo impecable, pero es imposible no sentir un vacío cada vez que Buzz abre la boca. Lo que más duele es que en un momento muy puntual y exacto de la película, Disney España podría haber realizado un gran homenaje a José Luis Gil (sin entrar en spoilers); pero haber rescatado algún audio icónico habría hecho que la lágrima se nos cayera a todos.

Donde la cosa escuece más es con Woody. Esta vez no hemos podido escuchar a Óscar Barberán (la voz de Tadeo Jones que volveremos a escuchar próximamente). Seguramente haya sido un tema de desacuerdos internos con la compañía, y aunque no nos metamos en los despachos, como fans nos fastidia profundamente al saber que sigue en activo. Miguel Ángel Poison ha sido el encargado de defender al sheriff y lo hace lo mejor posible, pero el cambio de registro es difícil de digerir. Por suerte, el resto del reparto cuenta con grandes profesionales que mantienen el nivel, como Nuria Trifol (voz habitual de Anne Hathaway) como Jessie o Sergio Zamora (voz de Keanu Reeves) retomando a Duke Caboom entre otros.
Por último, Disney y otras compañías siguen con la manía de los Star Talents por puro marketing. Por suerte, las intervenciones de Penélope Cruz, Bizarrap o Bad Bunny se limitan a un par de frases contadas y pasan relativamente desapercibidas, aunque sigue siendo una práctica que resta autenticidad.
Taylor Swift contra la nostalgia
En el apartado musical nos hemos quedado con una sensación extraña. La nostalgia que siempre aporta el "Hay un amigo en mí" de Randy Newman brilla por su ausencia durante el metraje, y se echa muchísimo de menos ese ancla emocional. Es cierto que la canción de los créditos finales a cargo de Taylor Swift tiene calidad, pero no es lo mismo. Cambiar ese sonido tan característico por un hit de pop moderno rompe un poco la magia del reencuentro.

Maestría visual y guiños al fan
Pixar no se limita a hacer películas bonitas; ellos marcan el camino. En Toy Story 5, el trabajo de animación es magistral. La puesta en escena nos lleva por escenarios muy diferenciados: desde las asépticas y frías casas inundadas de tecnología, con tonos lúgrubes, sin apenas vida animada y luces azules que parecen cárceles para la imaginación, hasta los rincones más cálidos, polvorientos y familiares de los hogares como el rancho donde se crió Jesse, en plena naturaleza.
El equipo de arte ha sabido mantener esos guiños que tanto nos gustan, como las famosas firmas en las suelas de los pies de Andy o Bonnie, recordándonos que estos juguetes tienen un pasado o los detalles secundarios que hacen las delicias de los fans cuando los ven, a veces de esa manera tan sutil. Pixar demuestra su veteranía en cómo maneja la escala, haciendo que el mundo humano parezca una jungla metálica frente a la calidez de nuestros protagonistas.
Conclusión
Toy Story 5 es una película excelente si la analizas de forma aislada: es divertida, visualmente soberbia y tiene un mensaje necesario sobre la infancia actual. Sin embargo, como parte de la saga, nos deja con la duda de si hacía falta estirar más la historia. Pixar ha cerrado bien el arco de la tecnología, pero el peaje que hemos pagado en España con los cambios en las voces puede empañar levemente el resultado final. Es un viaje que disfrutarás, pero que te dejará pensando que quizá ya es hora de que dejemos descansar a estos juguetes para siempre.
Guerra generacional y el fin de la imaginación
La premisa de esta entrega, dirigida por Andrew Stanton (Buscando a Nemo, WALL-E) y codirigida por Kenna Harris (Toy Story 4), nos muestra a la pandilla intentando sobrevivir a una "nueva forma de jugar". Ya no es solo que el niño crezca, es que el niño está hipnotizado por dispositivos electrónicos. El guion, firmado también por Stanton (Monstruos S.A.) y Harris, nos lanza una reflexión bastante cruda: la tecnología está dejando a las nuevas generaciones un tanto "atontadas", perdiendo esa capacidad infantil de crear mundos enteros con un simple trozo de plástico o cualquier objeto que la imaginación dictara. Es una realidad que duele ver en pantalla, pero que Pixar retrata con una honestidad valiente.
El doblaje: Una de cal y otra de arena en España
Si decides ver la película en su versión original, el reparto se mantiene sólido con leyendas como Tom Hanks (Forrest Gump, Náufrago), Tim Allen (¡Vaya Santa Claus!) y Joan Cusack (Armas de mujer, In & Out) como Jessie. Sin embargo, en España, la experiencia se siente agridulce por causas que nos tocan la fibra.
En el caso de Buzz Lightyear, el cambio era inevitable. José Luis Gil (la voz habitual de Patrick Swayze, Marlín, Tarzán…), tras sufrir aquel ictus, no ha podido retomar al personaje. Desde aquí le deseamos su mejoría porque se le añora horrores. Su sustituto es Pablo del Hoyo (voz habitual de Ben Stiller), un profesional inmenso que hace un trabajo impecable, pero es imposible no sentir un vacío cada vez que Buzz abre la boca. Lo que más duele es que en un momento muy puntual y exacto de la película, Disney España podría haber realizado un gran homenaje a José Luis Gil (sin entrar en spoilers); pero haber rescatado algún audio icónico habría hecho que la lágrima se nos cayera a todos.

Donde la cosa escuece más es con Woody. Esta vez no hemos podido escuchar a Óscar Barberán (la voz de Tadeo Jones que volveremos a escuchar próximamente). Seguramente haya sido un tema de desacuerdos internos con la compañía, y aunque no nos metamos en los despachos, como fans nos fastidia profundamente al saber que sigue en activo. Miguel Ángel Poison ha sido el encargado de defender al sheriff y lo hace lo mejor posible, pero el cambio de registro es difícil de digerir. Por suerte, el resto del reparto cuenta con grandes profesionales que mantienen el nivel, como Nuria Trifol (voz habitual de Anne Hathaway) como Jessie o Sergio Zamora (voz de Keanu Reeves) retomando a Duke Caboom entre otros.
Por último, Disney y otras compañías siguen con la manía de los Star Talents por puro marketing. Por suerte, las intervenciones de Penélope Cruz, Bizarrap o Bad Bunny se limitan a un par de frases contadas y pasan relativamente desapercibidas, aunque sigue siendo una práctica que resta autenticidad.
Taylor Swift contra la nostalgia
En el apartado musical nos hemos quedado con una sensación extraña. La nostalgia que siempre aporta el "Hay un amigo en mí" de Randy Newman brilla por su ausencia durante el metraje, y se echa muchísimo de menos ese ancla emocional. Es cierto que la canción de los créditos finales a cargo de Taylor Swift tiene calidad, pero no es lo mismo. Cambiar ese sonido tan característico por un hit de pop moderno rompe un poco la magia del reencuentro.

Maestría visual y guiños al fan
Pixar no se limita a hacer películas bonitas; ellos marcan el camino. En Toy Story 5, el trabajo de animación es magistral. La puesta en escena nos lleva por escenarios muy diferenciados: desde las asépticas y frías casas inundadas de tecnología, con tonos lúgrubes, sin apenas vida animada y luces azules que parecen cárceles para la imaginación, hasta los rincones más cálidos, polvorientos y familiares de los hogares como el rancho donde se crió Jesse, en plena naturaleza.
El equipo de arte ha sabido mantener esos guiños que tanto nos gustan, como las famosas firmas en las suelas de los pies de Andy o Bonnie, recordándonos que estos juguetes tienen un pasado o los detalles secundarios que hacen las delicias de los fans cuando los ven, a veces de esa manera tan sutil. Pixar demuestra su veteranía en cómo maneja la escala, haciendo que el mundo humano parezca una jungla metálica frente a la calidez de nuestros protagonistas.
Conclusión
Toy Story 5 es una película excelente si la analizas de forma aislada: es divertida, visualmente soberbia y tiene un mensaje necesario sobre la infancia actual. Sin embargo, como parte de la saga, nos deja con la duda de si hacía falta estirar más la historia. Pixar ha cerrado bien el arco de la tecnología, pero el peaje que hemos pagado en España con los cambios en las voces puede empañar levemente el resultado final. Es un viaje que disfrutarás, pero que te dejará pensando que quizá ya es hora de que dejemos descansar a estos juguetes para siempre.
