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Mortal Kombat II

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Publicado el 06-05-2026 a las 22:12

Autor: Dani Mateo

Una irregular propuesta que encantará a los fans de la sangre y los mamporros.

Tuvieron que pasar 24 años para que viéramos el renacer, en forma de superproducción, de Mortal Kombat en cines, y fue Simon McQuoid, que debutaba en la dirección, quien nos trajo una película que, aunque imperfecta, empaquetó muy bien el saco de mamporros sangrientos que esperábamos. Para esta secuela recoge el testigo de lo que dejó planteado, pero con un tono muy distinto, ya que ha cambiado de guionista. Para esta nueva entrega ha escogido a uno de los nombres de moda tras su trabajo en Godzilla x Kong: The New Empire en cines y en The Exorcist, The Umbrella Academy o Moon Knight en televisión.


Para hacer una buena adaptación de Mortal Kombat, lo más fácil es fallar. Su público tiene un paladar exigente y, además, vive del impacto inmediato, con combates, violencia exagerada, personajes icónicos y una sensación de espectáculo puro que no necesita demasiadas explicaciones. Los últimos juegos de la franquicia han querido explorar más su narrativa, y esta saga cinematográfica parece querer, con esta secuela, profundizar aún más en su lore.

Si bien en la primera película encontramos buenas ideas y grandes combates, faltaba lo más importante para contar esta historia: faltaba el torneo. Mortal Kombat II pretende corregir eso mientras nos viste una historia de redención, traición y justicia con un presupuesto mayor, una plantilla más amplia y una forma de abrazar su propia naturaleza… de manera irregular.

Dando peso al torneo que merecemos

El principal acierto de McQuoid para esta secuela es mostrar aquello que fue calentando durante la primera. En la película original, Shang Tsung intentó un ataque a la desesperada previo al torneo, porque, si el Reino de la Tierra no se presentaba, ganaban automáticamente. En esta secuela se deja de rodeos y entra directamente en lo que todos querían ver. La estructura del torneo se apoya en esa dinámica clásica de enfrentamientos entre reinos, con Shao Kahn como gran amenaza y la Tierra jugándose su supervivencia en caso de perder.

Con un objetivo mucho más directo que en la primera película, ya no hay esa sensación de prólogo eterno. Aquí los combates llegan desde el inicio y su progresión se siente más natural, aunque hay piezas densas de lore profundo y algún cameo que sacará una sonrisa al más espabilado. Pero, incluso con esa mejora, la historia no acaba de calar. Al igual que en los juegos, sirve de hilo conductor entre combates, pero quizá se quiere hacer más de lo que realmente es. Al final no deja de ser un vehículo para llevarte de pelea en pelea, pero cuando intenta detenerse a construir algo más, el ritmo cae a plomo.

Eso sí, con esta secuela parece que se ha entendido de forma más profunda lo que su público buscaba.

¡Camarero! Póngame bien de fan service

Hay mucha gente a la que el fan service le molesta. La verdad es que hay un tipo de fan service que a mí me encanta, y es cuando realmente el producto no lo necesita para disfrutarse, pero, si te lo encuentras, es un regalo divertido que completa la experiencia. Mortal Kombat II está llena de este último. Se nos introduce a gran cantidad de personajes icónicos como Kitana, Johnny Cage, Jade, Shao Kahn o Baraka, que no aparecían en la original, y todos ellos quedan bien representados. El mayor problema es que no hay tiempo suficiente para desarrollarlos a todos correctamente.

Sí es cierto que algunos personajes logran brillar, especialmente Johnny Cage, que transforma un poco el tono de la película con su carisma y ese punto de humor autoconsciente que encaja sorprendentemente bien. Otros, en cambio, entran, aportan y salen, sin molestar ni hacer ruido, como si fueran personajes desbloqueables de un menú.

Coreografías brutales, aunque no siempre precisas

Si la película tiene un juicio abierto, va a ser aquí. Los combates son lo que, en una franquicia de lucha como Mortal Kombat, va a definir lo memorable que es una película, y en este caso sube el nivel respecto a la anterior. Hay combates más fieles, con más sentido y sin peleas innecesarias de relleno. En primer lugar, tendremos más combates que en la primera película. Son más variados y el aumento del presupuesto hace que se vean más espectaculares, amén de algún CGI raruno. Hay coreografías muy creativas, que integran los movimientos especiales y el toque exagerado que le sienta tan bien a la saga.

Sin embargo, hay una sensación de irregularidad. Hay momentos muy potentes que conviven con partes muy planas, donde la coreografía pierde ritmo y, si se alarga demasiado, puedes estar deseando ver ya el siguiente combate. La recreación de escenarios está muy lograda, y eso a los más fans les encantará. Por el contrario, la banda sonora que acompaña a veces no cumple su función y no logra destacar. Está al servicio de la acción, pero jamás roba protagonismo, aunque hay alguna sorpresa hacia el final.

Solemnidad, violencia… y un humor que busca su hueco

Mortal Kombat II quiere ser muchas cosas a la vez. Logra ser una película de artes marciales, cumple como adaptación fiel y pretende ser un blockbuster moderno, pero ese giro con tirabuzón no le acaba de salir y no estoy seguro de que consiga ser el espectáculo gamberro, lleno de guiños, que pretende. Si bien es cierto que abraza la violencia y los fatalities como principal reclamo, introduce un humor constante, especialmente a través de Johnny Cage, que choca frontalmente con Kano. Puedo entender un alivio cómico, pero es posible que dos personajes de este tipo lleguen a cansar a parte del público.

Conclusión

Mortal Kombat II es, en muchos sentidos, justo lo que prometía. McQuoid monta una secuela más grande, más violenta y más fiel al espíritu de la saga con lo que sembró en la primera parte. Corrige el principal problema de ritmo de la primera, otorgando el protagonismo a quienes lo deben tener y dejando en segundo plano a Cole, el protagonista de la anterior cinta, para centrarse en el torneo. Aquí encontraremos más combates y una adaptación más fiel a lo que se espera de la franquicia, abrazando el fan service sin complejos.

Cuando todo encaja, tenemos puro espectáculo. Es fácil conectar con ella porque jamás intenta ser mucho más de lo que es. En cierto modo me recuerda a las clásicas, que eran películas que, con lo que tenían, hacían lo mejor que podían y, precisamente por eso, conectan igual. Aunque también arrastra los problemas habituales del género. La historia es más un hilo conductor poco profundo que va conectando a un elenco excesivamente amplio, con una irregularidad constante en su ejecución.

Es un combate que no acaba con fatality, sino que te deja tambaleándote, esperando a una tercera parte que ya está en preproducción, repitiendo guionista, y de la que esperamos que sea el remate final que lleve la franquicia a donde realmente merece. De momento, el camino que está siguiendo McQuoid, al menos a mí, me convence.