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Publicado el 22-04-2026 a las 17:56

Autor: Juan Ramón "juanramonh" Herrera

El biopic que Jackson merecía, pero que su familia ha preferido vigilar.

No hace falta ser un experto en música para saber quién fue Michael Jackson. Su nombre es sinónimo de historia del entretenimiento, pero también de una vida que fue un auténtico circo mediático. Antoine Fuqua (Training Day) se pone tras las cámaras para intentar comprimir décadas de genialidad en una película que busca ser el biopic definitivo. ¿Lo consigue? Pues depende de cuánto quieras ver de la realidad y cuánto del mito, pero lo que está claro es que la puesta en escena es de un alto nivel.


Siguiendo los pasos de Freddie Mercury

El guion de John Logan (Gladiator) mantiene la esencia del biopic de Freddie Mercury (Bohemian Rhapsody). La cinta arranca con un potente flashforward que nos sitúa en uno de los momentos cumbre de su carrera para, acto seguido, lanzarnos de cabeza al pasado y desgranar su historia de forma cronológica hasta volver a cerrar el círculo. Es una estructura que Logan domina y consigue que el ritmo no decaiga a pesar de la inmensa cantidad de años que cubre la cinta, dándonos un asiento en primera fila para entender su incansable afán por consagrarse como el mayor icono del entretenimiento.

La película recorre toda la trayectoria de Michael Jackson desde sus primeros pasos con los Jackson Five, cuando ya de niño se adueñaba del escenario bajo la férrea autoridad de Joe Jackson, hasta su consagración como una estrella visionaria empeñada no solo en triunfar, sino en redefinir la industria musical. Lo más acertado del filme no está solo en mostrar esa evolución artística, sino en cómo la conecta con su parte más íntima: detrás del icono hay un Michael profundamente vulnerable, marcado por una infancia durísima. Aunque la película suaviza la crudeza de la figura paterna para no convertir el relato en algo abiertamente asfixiante, deja claro que nunca dejó de ser ese niño al que le arrebataron la infancia entre ensayos interminables, exigencia constante y giras mundiales.

El debut de un heredero

Había mucho miedo con quién iba a heredar el guante, pero Jaafar Jackson ha cerrado muchas bocas en su debut en la gran pantalla. Se nota que Jaafar ha vivido este proyecto como algo personal; tiene los movimientos, tiene el tono de voz y, sobre todo, esa mirada entre vulnerable y poderosa que definía a su tío. No es solo una imitación; Jaafar logra una transformación física y vocal que te deja clavado en la butaca.

El reparto que lo acompaña es de un nivel altísimo. Colman Domingo está inmenso como Joe Jackson, transmitiendo esa dureza que ya le vimos en Rustin o Sing Sing. Nia Long (Empire, The Best Man) y Laura Harrier (Spider-Man: Homecoming, Infiltrado en el KKKlan) aportan la sensibilidad necesaria en el núcleo familiar, mientras que Juliano Krue Valdi (Una casa de locos) clava la etapa del Michael niño. Por último, un solvente Miles Teller, que cambia los aviones de Top Gun: Maverick y la batería de Whiplash por los despachos de la industria, pone el contrapunto perfecto a la intensidad de los Jackson.

Espectáculo audiovisual y un legado impoluto

Antoine Fuqua sabe perfectamente cómo rodar el espectáculo. La dirección de fotografía capta perfectamente la evolución estética del Rey del Pop, desde los colores saturados de los 70 hasta la grandilocuencia visual de los estadios de finales de los 80. Es una experiencia sensorial total: la mezcla de sonido es atronadora y te sumerge en los conciertos de una forma que casi puedes sentir como si estuvieras ahí mismo.

Se nota la mano de Graham King y de los ejecutivos del Michael Jackson Estate (John Branca y John McClain) en la producción. Aunque Fuqua y Logan intentan darnos pinceladas de su vida privada y sus sombras, la película pasa de puntillas por los temas más espinosos. El diseño de producción es una salvajada recreando los escenarios de las giras y los sets de grabación, pero el guion huele demasiado a incienso. Han pulido tanto la imagen de Michael que, por momentos, parece que estamos viendo un publirreportaje de lujo en lugar de la vida de un ser humano con sus luces y sus sombras. El envoltorio es de matrícula, pero el contenido se siente tan blindado y protegido que acaba restándole alma al conjunto.

Conclusión

Michael es una película cargada de una emoción que te mantiene pegado a la pantalla hasta el final de los créditos. Es el homenaje que los fans estaban esperando y una demostración de que Jaafar Jackson tiene un futuro brillante. Pero no nos engañemos: esta no es su vida al completo. La película se corta en un punto que nos deja con la miel en los labios y con la sensación de que se han guardado los capítulos más grises en el cajón. Nos encantaría ver una segunda parte que se atreviera a meterse en ese terreno mucho más fangoso, polémico y oscuro que marcó sus últimos años. De momento, nos quedamos con este retrato brillante que, aunque filtrado, es puro espectáculo cinematográfico.