El juego de mundo abierto coreano que brilla en lo suyo, aunque su propuesta no convencerá a todo el mundo.
Desde que en 2019 se presentó al mundo Crimson Desert, el título de Pearl Abyss ha acumulado tráileres, demos, polémicas por retrasos y una comunidad que oscilaba entre el escepticismo y la devoción. No dejaba indiferente a nadie. El estudio coreano, conocido por Black Desert Online, uno de los MMORPGs más aclamados y longevos del mercado, daba el salto a la experiencia de un solo jugador con una ambición descomunal: construir el mundo abierto más grande y vivo jamás creado. Disponible desde el 19 de marzo en PC, PS5 y Xbox Series, el juego llegaba a las consolas sin revisión de prensa previa al lanzamiento, algo que levantó algunas cejas tras la experiencia con Cyberpunk 2077. He podido analizar la versión de PC, donde la espera ha quedado más que justificada aun teniendo algún “pero” importante.
Un mercenario resucitado en un mundo roto
En esta aventura encarnamos a Kliff, un guerrero de alto rango dentro del clan de los Melenas Grises en Pailune, una región tribal del continente de Pywel donde conviven espadas, pólvora y la política más sucia. Una noche, el clan de los Osos Negros arrasa a los suyos, acabando cruelmente con tu vida. Lo que debería ser el fin se convierte en un inicio ya que una entidad misteriosa te rescata desde el Abismo, una dimensión oculta en las nubes, y te devuelve al mundo con un único objetivo, reagrupar a los Melenas Grises y acabar con la tiranía de quienes destruyeron todo lo que conocías. Así arranca la aventura.
La narrativa se desarrolla en doce capítulos a través de varios personajes jugables donde incluso podemos alternar, al estilo GTA V, entre ellos. Durante las primeras 10 horas de juego comenzará un abrumador desfile de mecánicas en lo que se siente como el tutorial más largo que he probado jamás en mi vida. Esta es la primera barrera importante que habrá que sortear como jugador y que hará que más de uno abandone el juego, dejando de lado todo lo que tiene que ofrecer, que no es poco.
Durante el primer tercio de la historia, el juego sufre de una fragmentación narrativa notable. Cuando Kliff comienza a reconstruir su clan, todo empieza a encajar, los personajes ganan peso y la historia encuentra su ritmo. La traducción al español del guion original es irregular, hecha con IA. Hay momentos de pura épica y otros que nos arrancarán gestos de extrañeza al no entender qué hacer. Puede frustrar no saber qué te está pidiendo una misión y resulta absurdo consultar en internet y descubrir la solución por culpa de una mala traducción.

Un combate que se aprende, se desaprende y se vuelve a aprender
El sistema de combate es el corazón del juego y también su prueba de fuego más exigente. Las primeras horas presentan un combate aparentemente familiar con ataques ligeros, pesados, esquivas y combos encadenados. Esa familiaridad es un anzuelo deliberado. En cuanto el diseño de enemigos empieza a escalar, el sistema revela capas que exigen precisión en sus ventanas de vulnerabilidad muy concretas. Enemigos con armaduras casi impenetrables que invalidan ciertos ataques, gestión del inventario que convierte cada encuentro en una suerte de Tetris… No da una sensación de balanceo, el juego es así y punto.
Se nota, ya no solo en el combate sino en el manejo general, una falta de precisión en los inputs y la respuesta del personaje que da la sensación de que demasiados equipos de desarrollo desconectados entre sí han hecho varios grupos de mecánicas sin conversación entre ellos. La curva de aprendizaje donde en un momento dado pasamos de tan solo sobrevivir a dominar un combate ocurre después de decenas de horas, y cuando sucede es una de las sensaciones más gratificantes que puede ofrecer este género. Cada golpe impacta con un peso físico extraordinario y cada boss se vuelve memorable. Si bien es un juego que no da muchas explicaciones, y debido a la traducción con IA cuando las da son malas, si te adentras en una zona donde los enemigos son demasiado fuertes, quizá es porque aún no toca ir allí o no te has equipado correctamente.
La gestión del inventario puede resultar frustrante hasta que interiorices su lógica. La interfaz y elección de los controles pueden arruinar la experiencia cuando en lugar de liberar a un prisionero le darás una patada, o cuando apuntando a un mercader para hablar le dispares una flecha. Alguien decidió que el mejor sistema para interactuar con este mundo es utilizar un botón para “señalar” ubicado en el primer gatillo izquierdo, en lo que han llamado “Mira y aprende”. Con este botón podremos señalar, una mecánica con la que aprenderemos observando pero que también nos abrirá un set de acciones, algo que si me preguntas te diré que tiene poco sentido porque puede hacer que si no guardas con frecuencia pases de un amable comprador a un fugitivo por un flechazo o golpe que no querías dar, ya que apuntar con el arco está en el segundo gatillo izquierdo. Son problemas reales que pueden arruinar la experiencia y en un juego con estas ambiciones deberían estar más pulidos.

Pywel, el mundo como protagonista
Si el combate es el corazón, la exploración es el alma de Crimson Desert. Pearl Abyss ha construido un continente enorme y genuinamente vivo, con 573 territorios y 110 facciones radicalmente distintos entre sí. Encontramos desde bosques de roble hasta desiertos, pasando por costas en forma de medialuna y campos de cereales que parecen pinturas en movimiento. Hay reinos, ducados y estados tribales, cada uno con sus propias culturas, política, razas y arquitectura. Viajar entre ellos da una sensación de mundo con mucha historia.
La verticalidad del mundo es otro de sus grandes activos. Algo que nos enseñó en el mismo año tanto Jedi Survivor como, sobre todo, Tears of the Kingdom. Escalar, planear, descender desde las alturas añade una capa estratégica sorprendentemente robusta. El sistema de campamento permite gestionar a los Melenas Grises, enviarlos en misiones, cultivar, criar animales, ampliar y mejorar la base. No es un minijuego superficial, es un sistema completo que conecta con la narrativa y con tu progresión. Pero minijuegos por el mundo sí tendremos, al estilo de The Witcher 3, peleas a puro puño, tiro con arco, concursos de pulsos, carreras… que hacen su papel para desconectar de la historia. Una historia principal que se estima entre 120 y 140 horas y unas 400 o 500 para desbloquear el 100% del mundo.
Sin embargo, esa historia principal no acaba de tener la misma fuerza que la solidez de su mundo. Esto significa que los jugadores de RPG tradicional donde su idea es terminar la historia y luego lanzarse al postjuego van a encontrarse en este título donde el “vamos a jugar a avanzar en la historia” no es lo común. El juego pretende que seas más el tipo de jugador de “¿qué me apetece hacer hoy por el mundo?”.

Y en esto quizá es el mejor. Hay casi 500 misiones distintas entre principales y secundarias, y esto no es una exageración, con lo que conforme más avancemos, más veremos la repetición de patrones y diseños similares replicados en nuevas regiones o con nuevos enemigos. Para el jugador que está encantado de farmear y ser un recadero, este juego aúna lo mejor de los grandes paseos de Death Stranding o Red Dead Redemption 2 para ver qué sucede por el camino.
Una bofetada técnica con alguna mancha
En PC, Crimson Desert es una demostración de fuerza visual que no se veía desde Red Dead Redemption 2. El motor propio Blackspace Engine gestiona la iluminación, las texturas y las animaciones con una robustez impecable. Lo tremendamente bien optimizado que está hace que cada paisaje luzca imponente. La diversidad de escenarios y climas y la riqueza de cada rincón refuerzan constantemente la sensación de estar en un mundo creíble y orgánico. Las costuras sí se dejan ver en la posición y comportamiento de la cámara. Quizá demasiado alta para mi gusto, a pesar de contar con diferentes presets para escoger, no acaba de funcionar bien. Se vuelve caprichosa en espacios cerrados o en algunos enfrentamientos.
El diseño sonoro trae melodías que acompañan bien la acción con registros que van desde lo ambiental y sutil hasta lo orquestal durante los combates más intensos. Sin doblaje al castellano, el juego llega con inglés como principal idioma no asiático para las voces. No hay temas musicales que queden grabados a fuego en la memoria, pero el conjunto funciona con eficacia. Lo que sí penalizo, y con mucha razón, es su mala traducción que, como he comentado, se nota hecha con IA.

Conclusión
Crimson Desert es enorme, exigente e irregular en su narrativa, pero también absolutamente imprescindible si te gustan los mundos abiertos construidos con convicción. Pearl Abyss ha demostrado que puede hacer mucho más que MMOs, entregando uno de los mundos más ricos y orgánicos de la generación, respaldado por un combate que recompensa a quienes se toman el tiempo de entenderlo y una infinidad de sistemas que requerirán de horas y horas para entender plenamente.
Sus puntos débiles son muy obvios, a un arranque narrativo irregular le sumamos problemas con la cámara caprichosa, picos de dificultad sin ajuste posible, sistemas que parecen no encajar entre sí y una UI que pide la paciencia de un MMO. Pero sus puntos fuertes eclipsan sin discusión todo lo demás. Es un juego que coquetea constantemente con la grandeza… pero no llega a tocarla. El mejor ejemplo comparativo es Xena la Princesa Guerrera, o las aventuras de Hércules que nos acompañaban en TVE. Tiene un montón de aristas, quiere ser grande, obviamente no lo logra, pero por el camino se convierte en un producto que, al que le guste, le va a parecer tremendamente divertido y adictivo.
No es un juego para todos, desde luego, apunta a un nicho muy concreto. Los que busquen una experiencia lineal, accesible y sin fricciones van a chocar contra una pared desde el primer momento, pero para quienes disfrutan de perderse en mundos que parecen tener vida propia, aprender sistemas complejos y sentir que cada victoria se pelea realmente en el barro, Crimson Desert va a ser uno de esos juegos de los que se habla durante años. La espera fue larga. Para mí ha valido la pena.
Un mercenario resucitado en un mundo roto
En esta aventura encarnamos a Kliff, un guerrero de alto rango dentro del clan de los Melenas Grises en Pailune, una región tribal del continente de Pywel donde conviven espadas, pólvora y la política más sucia. Una noche, el clan de los Osos Negros arrasa a los suyos, acabando cruelmente con tu vida. Lo que debería ser el fin se convierte en un inicio ya que una entidad misteriosa te rescata desde el Abismo, una dimensión oculta en las nubes, y te devuelve al mundo con un único objetivo, reagrupar a los Melenas Grises y acabar con la tiranía de quienes destruyeron todo lo que conocías. Así arranca la aventura.
La narrativa se desarrolla en doce capítulos a través de varios personajes jugables donde incluso podemos alternar, al estilo GTA V, entre ellos. Durante las primeras 10 horas de juego comenzará un abrumador desfile de mecánicas en lo que se siente como el tutorial más largo que he probado jamás en mi vida. Esta es la primera barrera importante que habrá que sortear como jugador y que hará que más de uno abandone el juego, dejando de lado todo lo que tiene que ofrecer, que no es poco.
Durante el primer tercio de la historia, el juego sufre de una fragmentación narrativa notable. Cuando Kliff comienza a reconstruir su clan, todo empieza a encajar, los personajes ganan peso y la historia encuentra su ritmo. La traducción al español del guion original es irregular, hecha con IA. Hay momentos de pura épica y otros que nos arrancarán gestos de extrañeza al no entender qué hacer. Puede frustrar no saber qué te está pidiendo una misión y resulta absurdo consultar en internet y descubrir la solución por culpa de una mala traducción.

Un combate que se aprende, se desaprende y se vuelve a aprender
El sistema de combate es el corazón del juego y también su prueba de fuego más exigente. Las primeras horas presentan un combate aparentemente familiar con ataques ligeros, pesados, esquivas y combos encadenados. Esa familiaridad es un anzuelo deliberado. En cuanto el diseño de enemigos empieza a escalar, el sistema revela capas que exigen precisión en sus ventanas de vulnerabilidad muy concretas. Enemigos con armaduras casi impenetrables que invalidan ciertos ataques, gestión del inventario que convierte cada encuentro en una suerte de Tetris… No da una sensación de balanceo, el juego es así y punto.
Se nota, ya no solo en el combate sino en el manejo general, una falta de precisión en los inputs y la respuesta del personaje que da la sensación de que demasiados equipos de desarrollo desconectados entre sí han hecho varios grupos de mecánicas sin conversación entre ellos. La curva de aprendizaje donde en un momento dado pasamos de tan solo sobrevivir a dominar un combate ocurre después de decenas de horas, y cuando sucede es una de las sensaciones más gratificantes que puede ofrecer este género. Cada golpe impacta con un peso físico extraordinario y cada boss se vuelve memorable. Si bien es un juego que no da muchas explicaciones, y debido a la traducción con IA cuando las da son malas, si te adentras en una zona donde los enemigos son demasiado fuertes, quizá es porque aún no toca ir allí o no te has equipado correctamente.
La gestión del inventario puede resultar frustrante hasta que interiorices su lógica. La interfaz y elección de los controles pueden arruinar la experiencia cuando en lugar de liberar a un prisionero le darás una patada, o cuando apuntando a un mercader para hablar le dispares una flecha. Alguien decidió que el mejor sistema para interactuar con este mundo es utilizar un botón para “señalar” ubicado en el primer gatillo izquierdo, en lo que han llamado “Mira y aprende”. Con este botón podremos señalar, una mecánica con la que aprenderemos observando pero que también nos abrirá un set de acciones, algo que si me preguntas te diré que tiene poco sentido porque puede hacer que si no guardas con frecuencia pases de un amable comprador a un fugitivo por un flechazo o golpe que no querías dar, ya que apuntar con el arco está en el segundo gatillo izquierdo. Son problemas reales que pueden arruinar la experiencia y en un juego con estas ambiciones deberían estar más pulidos.

Pywel, el mundo como protagonista
Si el combate es el corazón, la exploración es el alma de Crimson Desert. Pearl Abyss ha construido un continente enorme y genuinamente vivo, con 573 territorios y 110 facciones radicalmente distintos entre sí. Encontramos desde bosques de roble hasta desiertos, pasando por costas en forma de medialuna y campos de cereales que parecen pinturas en movimiento. Hay reinos, ducados y estados tribales, cada uno con sus propias culturas, política, razas y arquitectura. Viajar entre ellos da una sensación de mundo con mucha historia.
La verticalidad del mundo es otro de sus grandes activos. Algo que nos enseñó en el mismo año tanto Jedi Survivor como, sobre todo, Tears of the Kingdom. Escalar, planear, descender desde las alturas añade una capa estratégica sorprendentemente robusta. El sistema de campamento permite gestionar a los Melenas Grises, enviarlos en misiones, cultivar, criar animales, ampliar y mejorar la base. No es un minijuego superficial, es un sistema completo que conecta con la narrativa y con tu progresión. Pero minijuegos por el mundo sí tendremos, al estilo de The Witcher 3, peleas a puro puño, tiro con arco, concursos de pulsos, carreras… que hacen su papel para desconectar de la historia. Una historia principal que se estima entre 120 y 140 horas y unas 400 o 500 para desbloquear el 100% del mundo.
Sin embargo, esa historia principal no acaba de tener la misma fuerza que la solidez de su mundo. Esto significa que los jugadores de RPG tradicional donde su idea es terminar la historia y luego lanzarse al postjuego van a encontrarse en este título donde el “vamos a jugar a avanzar en la historia” no es lo común. El juego pretende que seas más el tipo de jugador de “¿qué me apetece hacer hoy por el mundo?”.

Y en esto quizá es el mejor. Hay casi 500 misiones distintas entre principales y secundarias, y esto no es una exageración, con lo que conforme más avancemos, más veremos la repetición de patrones y diseños similares replicados en nuevas regiones o con nuevos enemigos. Para el jugador que está encantado de farmear y ser un recadero, este juego aúna lo mejor de los grandes paseos de Death Stranding o Red Dead Redemption 2 para ver qué sucede por el camino.
Una bofetada técnica con alguna mancha
En PC, Crimson Desert es una demostración de fuerza visual que no se veía desde Red Dead Redemption 2. El motor propio Blackspace Engine gestiona la iluminación, las texturas y las animaciones con una robustez impecable. Lo tremendamente bien optimizado que está hace que cada paisaje luzca imponente. La diversidad de escenarios y climas y la riqueza de cada rincón refuerzan constantemente la sensación de estar en un mundo creíble y orgánico. Las costuras sí se dejan ver en la posición y comportamiento de la cámara. Quizá demasiado alta para mi gusto, a pesar de contar con diferentes presets para escoger, no acaba de funcionar bien. Se vuelve caprichosa en espacios cerrados o en algunos enfrentamientos.
El diseño sonoro trae melodías que acompañan bien la acción con registros que van desde lo ambiental y sutil hasta lo orquestal durante los combates más intensos. Sin doblaje al castellano, el juego llega con inglés como principal idioma no asiático para las voces. No hay temas musicales que queden grabados a fuego en la memoria, pero el conjunto funciona con eficacia. Lo que sí penalizo, y con mucha razón, es su mala traducción que, como he comentado, se nota hecha con IA.

Conclusión
Crimson Desert es enorme, exigente e irregular en su narrativa, pero también absolutamente imprescindible si te gustan los mundos abiertos construidos con convicción. Pearl Abyss ha demostrado que puede hacer mucho más que MMOs, entregando uno de los mundos más ricos y orgánicos de la generación, respaldado por un combate que recompensa a quienes se toman el tiempo de entenderlo y una infinidad de sistemas que requerirán de horas y horas para entender plenamente.
Sus puntos débiles son muy obvios, a un arranque narrativo irregular le sumamos problemas con la cámara caprichosa, picos de dificultad sin ajuste posible, sistemas que parecen no encajar entre sí y una UI que pide la paciencia de un MMO. Pero sus puntos fuertes eclipsan sin discusión todo lo demás. Es un juego que coquetea constantemente con la grandeza… pero no llega a tocarla. El mejor ejemplo comparativo es Xena la Princesa Guerrera, o las aventuras de Hércules que nos acompañaban en TVE. Tiene un montón de aristas, quiere ser grande, obviamente no lo logra, pero por el camino se convierte en un producto que, al que le guste, le va a parecer tremendamente divertido y adictivo.
No es un juego para todos, desde luego, apunta a un nicho muy concreto. Los que busquen una experiencia lineal, accesible y sin fricciones van a chocar contra una pared desde el primer momento, pero para quienes disfrutan de perderse en mundos que parecen tener vida propia, aprender sistemas complejos y sentir que cada victoria se pelea realmente en el barro, Crimson Desert va a ser uno de esos juegos de los que se habla durante años. La espera fue larga. Para mí ha valido la pena.

Análisis
Crimson Desert
"El juego de mundo abierto coreano que brilla en lo suyo, aunque su propuesta no convencerá a todo..."
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Nota Final
Procesando...